jueves, julio 22, 2010
miércoles, julio 14, 2010
Divinas simetrías: Eliade y el cine; distintos medios, idénticos fines
"La función catártica de un invento técnico o artístico o de un descubrimiento científico libera al hombre, ya sea a nivel físico (el trabajo) o en el plano psíquico, social, etc. Yo quiero mostrar la función catártica de una comprensión correcta del mito. Libera al hombre (moderno) de ciertas inhibiciones que lo hacían incapaz de amar su propia prehistoria (e historia)".
Mircea Eliade, 14 de agosto de 1966, anotación en su diario.
miércoles, junio 09, 2010
Un posteo particular a raíz de un próximo estreno
Próximamente se estrenará en nuestro país la película Camino, del director español Javier Fesser, responsable hasta el momento de otros dos títulos: El milagro de P. Tinto y La gran aventura de Mortadelo y Filemón. Camino data del año 2008, y ha generado en su momento una gran polémica debido a la historia en que se basa: la vida de Alexia González-Barros, una niña que falleció en 1985, cuando apenas tenía 14 años, a causa de un cáncer que se le había presentado algunos meses atrás. Por la forma en que llevó adelante su enfermedad, por la manera en que voluntariamente ofreció su sufrimiento, actualmente su caso se encuentra en proceso de beatificación.
El dato fundamental de la biografía de Alexia es que su familia era miembro del Opus Dei, prelatura de la Iglesia Católica a la que las polémicas nunca le han sido ajenas. Bien, si digo que este dato es lo fundamental es porque para el director Fesser, así como también para quienes se propiciaron y propiciarán como sus defensores, esa institución representa, dentro de su película, el mal, o lo que alguien como Fesser puede entender por tal cosa. Digamos entonces que el Opus Dei, con sus representantes, sus creencias y sus modos es –en principio- el responsable de los padecimientos de Camino (nombre en la ficción del personaje inspirado en Alexia), tan a la par de la propia enfermedad. O, al menos, de los padecimientos a nivel espiritual o psicológico (vaya uno a saber qué palabra convendría usar en este caso, porque sinceramente es muy difícil imaginar qué concepción o visión de la vida y del hombre puede tener alguien como Fesser).
No tratará de ser este escrito una defensa de la institución fundada por Escrivá de Balaguer; claro que tampoco será un ataque. Al respecto de dicha prelatura, sólo señalaremos que en general se habla desde la absoluta ignorancia, desde el prejuicio y desde el odio. Se repite una y otra vez lo horroroso que es el Opus Dei, pero pocas veces se lo hace con fundamentos. Y leyendo las críticas sobre la película Camino, hemos podido comprobar esto una vez más: está lleno de repetidores que hablan y escriben todos los lugares comunes que siempre aparecen a la hora de referirse a la Obra. Repetimos: no nos importa hacer aquí una defensa de la Obra, pero sí nos interesa marcar cómo se habla sin la mínima competencia en el tema, porque eso nos lleva al siguiente punto: esta soberbia ignorancia no es exclusiva de las opiniones acerca de la prelatura, sino que ellas son apenas una extensión de la actitud que en general se tiene sobre lo católico. La ignorancia y el consecuente odio hacia lo católico es el fundamento último de todo esto. Y eso es en definitiva lo que expresa Fesser con su película; ésta no es anti Opus Dei, sino que es furiosamente anti-católica, anti-cristiana, y anti-religiosa. Y toma esa posición de manera grosera y vil.
Siempre pensé que ante los ataques contra la religión que uno profesa, la última actitud posible era la de sentirse ofendido. Jamás me sentí así, y eso que las muestras de odio son diarias. Pero, ¿cómo sentirse ofendido?; ¿puede, por ejemplo, ofender la opinión de un pobre profesor de sociología o de un periodista?; ¿puede ello socavar algo tan inmenso como el sentimiento de fe?. No hay manera. O también: ¿podemos darnos el lujo de sentirnos agraviados por tantos y tantos opinólogos progresistas cuando uno tiene de su lado a, qué sé yo, los textos de San Agustín? Y qué tanto: si contamos con Hitchcock, Ford, y Cameron, ¿qué ofensa podemos sentir? Ninguna. Ponerse en el rol de indignado no es la actitud que nos corresponde, tenemos con qué contrarrestar. Es más, todo ataque debe ser una excusa, una posibilidad para exponer nuestras virtudes. Entre las que debe estar, claro, la caridad, incluso hacia aquellos que nos estén atacando. En resumen: no es menester de un cristiano adoptar el martirio derrotista de la ofensa.
Pero esta idea –fatalmente- ha llevado implícita una cuota de soberbia; y así he de confesarlo en este momento. Y eso lo descubrí mientras padecía viendo la película de Fesser. Aquella fortaleza, al menos durante las horas que duraba la película, me había abandonado. Sino ofensa (me niego a ponerme en ese lugar, que por otro lado suena a la queja de un progresista dispuesto a salir corriendo al INADI), sí sentí un profundo malestar, un dolor ante tanta maldad y vileza expuestas con total impunidad. Un dolor que se movía en dos direcciones. Por un lado como consecuencia del bajísimo ataque de la película hacia mi religión, y por el otro, porque no podía dejar de pensar en lo mal y también doloridos (pero a un nivel impensable) que podrían llegar a sentirse los familiares y amigos de Alexia, porque si bien el film “es una ficción”, la dedicatoria a su memoria hace que se vuelva imposible separar el relato de los hechos verdaderos. Y así, todo lo que Fesser se inventa en el film, quedará para muchos espectadores como hechos históricos, y el director logrará el objetivo de contribuir a la leyenda negra, no sólo del Opus Dei, sino del catolicismo, y de lo religioso.
Luego de ver el film, leí que Fesser tuvo el descarado atrevimiento de invitar a los familiares de Alexia al estreno de Camino, en donde se recrean los padecimientos que el cáncer le generó a la niña, y en la que se ataca la fe de ella y su familia, gracias a la cual pudieron enfrentar tanto dolor. Sinceramente creo que hay que ser muy perverso y muy hijo de puta.
Al respecto, algunos fragmentos de una carta escrita por uno de los hermanos de Alexia, dirigida al director, resultan ejemplares: "Me senté a ver tu rueda de prensa en el Festival de San Sebastián con un objetivo: quería oír cómo argumentabas ante los periodistas que nunca te pusiste en contacto con nosotros y por qué no has atendido nuestra petición formal de que retirases de tu película la referencia explícita a Alexia”. Luego, en referencia a la escena final de la película, una de las más abyectas que se hayan filmado jamás, en la que familiares, curas, enfermeras, etc. aplauden en el momento de la defunción de la niña, dice: “No debería hacer falta que te diga que mi hermana Alexia no murió rodeada de aplausos. Murió rodeada de cariño. Cariño de sus seres queridos: padres y hermanos y con el silencio respetuoso de las enfermeras, doctores y enfermos que motu propio se acercaron a la habitación de Alexia. Murió mientras intentábamos tragar nuestras lágrimas, porque –no lo olvides– para nosotros era un verdadero drama el pensar en tener que soportar su pérdida. Ya ves qué actitud tan poco original. Una gran pena por la pérdida de un ser muy querido. Y es verdad que el gran pesar de su pérdida solo se dulcificaba por el convencimiento íntimo de que Alexia había dejado de sufrir y estaba en el cielo. Reconozco que esa es la ventaja de ser creyentes”.
La película narra los últimos meses de la vida de Camino, nombre tanto del personaje central como del film en sí, y que es tomado sarcásticamente del título del libro escrito por el fundador del Opus Dei. Esos meses están marcados por la enfermedad de la niña, un cáncer que entre otras cosas la dejará paralítica y, finalmente, le terminará causando la muerte. En ese proceso, la madre es una de las villanas, una fanática e irracional y castradora mujer religiosa manejada por los siniestros representantes de la Obra (contamos según el punto de vista de la película), a la que no le gusta que su hija participe en una clase de teatro, y que tampoco la dejará comer torta (además tiene encerrada en un convento a su otra hija). Por su parte, el padre es un idiota total y un dominado, que no está para nada convencido de los modos de su mujer y de la institución a la que pertenecen. Por último, está también Jesús, un compañerito de Alexia, de quien ella gusta. Será este personaje la clave de todo el film.
Mientras la madre y los malvados del Opus creen ver en la actitud de Camino una excepcional muestra de santidad, Fesser nos muestra que la niña en realidad se está creando su propio mundo a modo de defensa. Hay un choque entre lo que muy perversamente la madre y los del Opus quieren ver y el mundo particular y de fantasía que Fesser le crea a su protagonista. Mundo en el que finalmente, cuando muera, podrá encontrarse con su Jesús, y no con el Jesús-Cristo de los chupacirios. El aplauso en el momento de la muerte de la niña corona esta idea.
La cantidad de golpes bajos y de atrocidades es mucha. Pero haré referencia a una secuencia particular. El padre, a quien Fesser muestra como el único que ve que la madre y los secuaces de Obra están torturando aún más a la pobre Camino, decide ir a comprarle la ansiada torta a su hija. Y así cae en el local de la familia de Jesús. Allí se da cuenta de quién es el niño, y en quién piensa realmente su hija. Entonces, sale apuradísimo de este local para llevarle la torta a Camino y comentarle que vio a su Jesús. Pero esto nunca sucederá. Un accidente de tránsito terminará con su vida (claro que el choque está prolijamente filmado). Así actúa Fesser. Como buen ateo que toma el lugar de Dios (aunque no lo sepa, porque es incapaz de manejar estas ideas), juega con sus criaturas para, en este caso, pegarle al espectador en lo más bajo, con un único objetivo: atacar la Fe y meterle ideas falsas, sobre la religión y sobre el mundo.
Fesser es eso: un hombre puesto a ser un dios, que comanda su supuesto arte en pos de darle a sus espectadores dos horas de tortura. Así, hace su parodia de La Pasión, en la que no se persigue ninguna Salvación sino que en ella se retrata “el poder de la imaginación”. Fesser nos quiere vender su imaginación berreta, sus sueños horribles e imágenes oníricas. Reemplaza la religiosidad por la estupidez de su mundo de fantasía (y antes trata de aflojarnos a golpe de calamidades varias). De ninguna manera opone a lo profesado por el Opus algo diferente, otra religiosidad. Tal cosa está ausente en el film. Por ello es que sería desacertado pensar que se trata nada más que de una crítica hacia la prelatura aludida.
Y lo peor de todo esto (que además tal vez sea que lo me ha llevado a escribir estas líneas) es que algunos han querido justificar al español diciendo que muestra lo sagrado, lo trascendente, lo religioso y la fe tal como deberían ser, en lugar de como esos mismos conceptos son manipulados por el Opus Dei (y la Iglesia Católica toda). Claro que –evidentemente- se trata de gente que no tiene ni la más mínima idea de lo que tales cuestiones significan. Ni siquiera desde un punto de vista profano o antropológico.
miércoles, marzo 17, 2010
Seminario por Ángel Faretta y Diego Gerzovich.
EL SÍMBOLO DE LA NAVE EN EL CINE, LA LITERATURA Y LA POLÍTICA
- Melville, Conrad, Titanic (Cameron)
- Apocalypse Now (Coppola)
- Lifeboat (Hitchcock)
La nave es uno de los soportes simbólicos más arcaicos. Siempre ha ido acompañado del vínculo humano con el elemento marítimo y con la figura fundamental del viaje. Del Viejo al Nuevo Testamento, desde el Arca de Noé hasta la Iglesia católica como nave. En Grecia ya antecede a Homero con el mito del Argos y reaparece con fuerza en los trágicos (p. e. Medea). Virgilio y Séneca lo mantienen vigente en Roma. Y ya en la modernidad, mediado por las relecturas medievales y renacentistas, sigue su camino hasta el siglo XX de la mano de Poe, Melville, Conrad, Schmitt, Jünger entre tantos otros. Allí es retomado y completado por el cine con singular fuerza.
El curso tiene su eje en el análisis de los films de Cameron, Coppola y Hitchcock, pero se abre a los diálogos con las tradiciones teológica, literaria y metapolítica.
Como escribe Ángel Faretta: “vamos en busca del empleo de la nave y del simbolismo del viaje marítimo en oposición dialéctica con el de la tierra y lo terreno.”
Centro Cultural Ricardo Rojas. Corrientes 2038, Capital Federal.
Fecha de inicio: 5 de abril
Horario: Martes de 20 a 22 hs.
Duración: 16 clases (dos módulos)
Sede Bme. Mitre 2455
lunes, febrero 08, 2010
viernes, enero 29, 2010
J.D. SALINGER (1919-2010)

- Lo que yo sé es esto, nada más -dijo Franny-. Que si eres poeta, haces algo hermoso. Quiero decir que dejas algo hermoso cuando terminas la página o lo que sea. Esos de los que tú hablas no dejan ni una sola cosa hermosa. Lo único que hacen, tal vez, los que son algo mejores, es meterse en tu cabeza y dejar "algo" allí, pero el que lo hagan, el que sepan "dejar algo" no significa que sea un poema, no ¡por Dios! Puede tratarse simplemente de una especie de excrementos, terriblemente fascinantes y sintácticos, con perdón. Como pasa con Manlius y Espósito y todos esos pobres hombres.
Lane se tomó tiempo para encender un cigarrillo antes de decir nada.
- Creí que te caía bien Manlius. De hecho, si no recuerdo mal, hace aproximadamente un mes, dijiste que era "un encanto"y que tú ...
- Y me cae bien. Estoy harta de que la gente me caiga bien solamente. Quisiera conocer alguien que pudiese respetar... ¿Me disculpas un momento?
Esta entrada no es más que la anotación de un Diario personal.
Simplemente fija un momento y recuerda un fragmento favorito de mi escritor favorito, que esperemos descanse en paz. Ahora sí sin fotógrafos, periodistas y curiosos. Aunque seguramente se esté riendo, ya lejos, bien lejos de esta pequeñez, de las cosas que empezaron a publicarse a raíz de su muerte.
No sé por qué, pero yo lo imagino sentado junto a Jünger, charlando largamente, vaya uno a saber en qué idioma.
miércoles, enero 20, 2010
Avatar 1
Como era de esperar, el nuevo film de Cameron ha resultado tan exitoso como infortunado en su recepción. Y no porque haya tenido demasiados detractores (que los ha tenido, entre los que figuran algunos entes por los que lamentamos su presencia en este grupo, por más que -lamentablemente, también- en general ya no esperamos nada de ellos) sino porque el mal entendimiento, la confusión y los juicios apresurados han sido aún más bestiales que de costumbre. Aunque esto no debería llamar nuestra atención: si en general la torpeza crítica es grande, cuando aparece una obra de la magnitud de Avatar esa torpeza no puede más que aumentar simétricamente.
Pero la película existe, está disponible, en 2-D, 3-D, en Imax...
Podemos disfrutarla. Y pensarla. Para lo primero sólo hace falta tener ojos; para lo segundo un poco de calma.
La confusión general seguirá creciendo, ya que se viene la ola de premios, las declaraciones de Cameron sobre posibles secuelas, o trilogías y demás. Pero creemos que Avatar y sus implicancias también irán creciendo en nuestra memoria, y en nuevas revisiones.
Otros acercamientos valiosos pueden encontrarlos en:
http://uncriticodedomingo.blogspot.com/
http://miedomonstruocine.blogspot.com/
jueves, diciembre 24, 2009
Lecturas de 2009
"Los hombres irreflexivos son lectores descuidados, y sólo los hombres reflexivos son lectores cuidadosos".
Leo Strauss, La persecución y el arte de escribir.
"Lucy cerró la puerta y encendió la lámpara. Sólo tenía un traje de noche, el de gasa negra que se ponía para ir a los conciertos. Sin embargo, pensó, si él quisiera cenar con una mujer bien vestida podría pedírselo a muchas. Sebastian ya debía de saber que ella no tenía muchos vestidos, y si a él no le importaba, a ella tampoco debía importarle. Aun así, habría dado cualquier cosa por tener algo nuevo que ponerse para él".
Willa Cather, Lucy Gayheart.
"América era todavía -o esa parte de América a lo sumo- una tierra en la cual la ensoñación por una edad de oro o primigenio regreso a las fuentes no había desaparecido de las cuentas y suertes a las que se entregan los hombres".
Ángel Faretta, Tempestad y Asalto.
"La belleza espléndida pertenece al orden religioso: fascina y atrae al espíritu al mismo tiempo que despierta su temor reverencial. Despierta el misterio del ser tanto como venera la espera del espíritu. Nos transporta a un tiempo nuevo, no ya desazonado por su futuro incierto, sino sosegado, que nos invita a unirnos a nuestro misterio y al ser que se entrega. La experiencia de la belleza engendra así la experiencia de lo real, en que se alían el espíritu y el ente en el entrecruzamiento y la consolidación de su dinamismo respectivo".
Paul Gilbert, Metafísica, la paciencia del ser.
"Ya que lo primero para nosotros no es la comprensión filosófica de la ciudad sino la comprensión inherente a la ciudad como tal, a la ciudad prefilosófica, por la cual la ciudad se ve a sí misma sujeta y supeditada a lo divino en la interpretación corriente de lo divino o por la cual eleva su mirada hacia lo divino. Sólo comenzando desde este punto estaremos expuestos al impacto pleno de la pregunta de una importancia fundamental, coetánea de la filosofía aunque los filósofos no la pronuncien con frecuencia: la pregunta quid sit deus".
Leo Strauss, La ciudad y el hombre.
"Por consiguiente, todas las antipatías que inspira la palabra dictadura, y que incluso hacen sospechoso a quien considere ese régimen con la máxima objetividad, tienen que acumularse contra Donoso Cortés, y tanto a él como a cuantos tratan de hacerle justicia les alcanza el viejo axioma latino rumor dictatoris inicundus bonis".
Carl Schmitt, Interpretación europea de Donoso Cortés.
" Todo intento (y hay muchos) de volver a introducir hoy, en una era democrática, un orden jerárquico está condenado al fracaso; se quedan en una nostalgia romántica o se convierten en una pesadilla totalitaria, porque las condiciones cosmológicas, epistemológicas y teológicas para un orden jerárquico fueron destruidas".
Jacob Taubes, Del culto a la cultura.
"Debido a esta terrenalización de lo infernal, así como a la renovada apetencia por el misterio y la creciente banalización del mal, resurgieron manifestaciones estéticas bajo la forma matriz de una pasión amorosa extraterrena, casi extática, pero desarrollada muy terrenalmente. Esta terrenalidad vuelta o vivida como sublimidad abona la contradicción que es factor constante de la condición y de la representación melodramáticas. Pasa por la ópera, el folletín, el thriller y el melodrama teatral, abona al cine y su concepto y se extiende a lo largo de la poética del tango argentino".
Ángel Faretta, La pasión manda, de la condición y representación melodramáticas.
"La mujer desdeñada, extraña a la vida del esposo y recluida en los muros de un sombrío castillo aguardando su regreso, sigue siendo una imagen sólidamente fija en muchos espíritus, pero no es más cierta que la del siervo que agita los estanques para hacer callar a las ranas y otras tonterías heredadas de los tiempos en que la barbarie de la Edad Media era un dogma indiscutible".
Regine Pernoud, Leonor de Aquitania.
"Cuando está maduro, el secreto se expresa a través de signos, de cantos, de códigos estereotipados, más que por medio de un discurso transparente".
Philippe Ariès, Ensayos de la memoria.
miércoles, diciembre 16, 2009
Novedad
La editorial Djaen nos acerca el nuevo libro de Ángel Faretta: La pasión manda, de la condición y la representación melodramáticas.
Un libro con cien puertas y con varias idas y vueltas que convergen en un mismo centro.
Un libro mosaico, de estructura cambiante, imposible de clasificar (y domesticar) según las obligatorias especificaciones de la modernidad: no es un libro de filosofía, ni de historia, ni de antropología, ni de estética, ni de teología, y menos aún de cine. En todo caso, se trata de un libro que incluye todo ello. O mejor aún: que vuelve todas esas ramas del pensamiento una sola y misma cosa. La potencia de un pensamiento operativo que elude las disoluciones impuestas se vuelve aquí todavía más transparente.
Un libro que define con profundidad y precisión qué es el melodrama, cuáles son sus características estético-espirituales, de dónde proviene, cuál es su particularidad dentro del concepto del cine, y cuáles sus posiciones polémicas respecto a su época.
Un libro de análisis histórico, cultural, político y espiritual sobre la modernidad en general y sobre la Argentina en particular a partir de la verticalidad dada por las singularidades melodrámaticas definidas.
Un libro arrebatador que entre análisis, pensamientos, referencias, citas, nombres y descripciones de época, nos da mucho material para reflexionar, discutir y aplicar. Para entender y disfrutar.
lunes, agosto 10, 2009
Una recomendación

Esto de recomendar algo, confieso, hay que adjudicárselo más a la haraganería de quien esto escribe que a su ímpetu educativo o solidaridad intelectual. Lo mejor que se puede hacer frente a un hecho estético destacable –en este caso una serie de tv- es analizarlo para luego poner de manifiesto el porqué de esa relevancia. Es por esto que si se limita todo a una recomendación, en realidad se está (estoy) esquivando aquella tarea.
Con las disculpas correspondientes entonces, paso a recomendar la miniserie inglesa Apparitions, que fue emitida originalmente en 2008 por la BBC. La misma consta de seis capítulos de una hora cada uno, en los que se narra la historia del Padre Jacob, sacerdote que lleva adelante la tarea de investigar posibles casos de santidad, hasta que una serie de hechos lo ponen frente a la responsabilidad de asumir otra tarea, de la que en principio él no quiere saber nada: ser un exorcista. Jacob tiene un don especial para realizar exorcismos, y por ello los demonios le temen. Cuando finalmente las manifestaciones del Mal se vuelvan incontenibles, asumirá su responsabilidad para librar la batalla.
Digamos que luego de El Exorcista de William Freidkin, toda ficción que se relacione con el tema de esa obra maestra no será más que una nota a pie de página. Por ello, si bien hay algunos casos de películas posteriores a la de Friedkin, no hay mucho material destacable. En ese sentido Apparitions es una sorpresa: por su buena base teológica, por la inteligencia con la que se hace referencia a ciertos temas –la relación del catolicismo con otras religiones, por ejemplo, siempre a partir de la particularidad del hecho narrado- sin que suenen burdas y obvias bajadas de líneas aunque se asuma una clara posición, por la calidad de sus diálogos, por la riqueza de sus personajes, por su exploración en los misterios de la Fe, y, sobre todo, por tomarse al Mal en serio y no como un jueguito reducido a mero espectáculo (como el noventa por ciento de los films de horror actuales). Y también porque es un muy buen relato fantástico, realmente fantástico, que transmite mucho miedo y emoción genuinas, esas sensaciones que aparecen frente a lo Otro. Tal vez, como aspecto negativo, haya que señalar que el comienzo es un poco atolondrado; si lo mejor en un relato de horror y fantástico es ir presentando la irrupción de lo monstruoso poco a poco, aquí aparece muy rápido, se va a los bifes sin mucha preparación digamos. Pero lentamente ese mal efecto va quedando de lado y se impone una muy lograda narración.
Por último, unas palabras para lo mejor de la serie: su protagonista, el enorme y admirable Padre Jacob, interpretado por Martin Shaw. Su inquebrantable Fe, su inteligencia, su valentía y cada una de sus frases (ya sea frente a un superior, a quien le recuerda qué es históricamente la Iglesia, cuando su interlocutor parece querer negarla, o frente a la escéptica monja que le imponen cerca para controlarlo) lo convierten en uno de los mejores personajes que haya dado la tv y/o el cine en los últimos años. Alguien que también vió la serie, creyente pero algo enemistado con la parte eclesiástica del catolicismo, me dijo algo así: “si encontrara un cura como Jacob, se me irían todos los peros que tengo”. Sin querer plantear aquí una discusión sobre esa postura, creo que esto describe a la perfección la empatía que puede producir el personaje. Por mi parte, ya tengo guardado en mi recuerdo varias de sus palabras y frases, muchas veces cortas y contundentes, como cuando le recuerda a la monja, ya en los momentos decisivos de la historia, que lo mejor que puede hacer para ayudarlo es quedarse en la capilla y rezar. “El rezo es el arma más poderosa que tenemos”. El Padre Jacob es -fundamentalmente- toda una enseñanza de Fe.
Link para descarga http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/2585486/Apparitions--Temporada-1--Completa.html
martes, mayo 12, 2009
Ángel Faretta: exégesis de la clase B

La Fundación Walter Benjamin presenta el ciclo de
Ángel Faretta
EL CINE DE CLASE B
Una forma ejemplar del concepto de cine
Se proyectarán los nueve Films ejemplares del modo clase B producidos por Val Lewton entre 1941 y 1946.
La mujer pantera
Yo caminé con un Zombi
El hombre Leopardo
La séptima victima
El barco fantasma
La maldición de la mujer pantera
El ladrón de cadáveres
La isla de los muertos
Bedlam
Antes de cada proyección, Ángel Faretta expondrá los ejes principales de su concepción del cine articulada con los elementos característicos de la Clase B en el modo de seminario-taller.
Esos ejes son:
1. Definición como modo de Producción
2. Segunda definición como modo de representación.
3. Tipologías y variantes del cine de clase B
4. Épocas y obras ejemplares del cine de clase B
5. Raíces e influencias culturales del cine de clase B
6. El terror, lo fantástico y lo detectivesco
Informes e inscripción
Fundación Walter Benjamin
Instituto de Comunicación y Cultura Contemporánea
Lavalleja 1390, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel.: (+54 11) 4833-7086, de 16:30 a 20:30hs
info@walterbenjamin.org.ar - www.walterbenjamin.org.ar
viernes, marzo 06, 2009
Watchmen, de Zack Zynder: Negación, confusión e inversión
Muchas cosas le debemos al cine. En menos de cien años fue capaz de recorrer, analizar, juzgar y finalmente reconfigurar toda la historia de Occidente.
En esta era de negación, confusión e inversión, el cine fue (y es, ya que sus obras siguen operando más allá del paso tiempo, si así somos capaces de verlo) un puente precioso que le permitió al hombre moderno recordar su origen, su tradición. El pensar analógico, la capacidad mito-poética, las funciones terrenales (haciendo fuerte hincapié en la heroica), la condición trágica y los valores trascendentes fueron elementos que el cine, a través de sus obras, volvió a poner en circulación, reconfigurándolos a través de diégesis “contemporáneas”.
Esa reconfiguración fue una operación necesaria, además de otro de los actos de aceptación por parte cine. Lo que aceptó fue el estado del mundo, su materialismo y mentalidad pragmática. Y así, aceptando tal fatalidad, fue capaz de llevar adelante aquella reconfiguración (extremando lo hecho por un Poe, por ejemplo).
Pero dicha reconfiguración siempre esquivó la confusión, la alegorización y la inversión de aquellas capacidades tradicionales. Así es como, por ejemplo, en el western vemos el despliegue del heroísmo homérico bajo otras formas, reactualizado y en constante accionar. Así también vemos en Hitchcock la aparición permanente de mitos que no se nombran de forma explícita (aunque se nos dé pistas muy claras al respecto). Lo importante, claro, no es tanto el hecho de reconocer a qué mito en particular refiere cada película o escena filmada por el Maestro como la transmisión de los fondos de ser de esos mitos.
El cine entonces acepta la condición del mundo para simultáneamente señalar las puertas de salida; o los puentes que nos ayudarían a pasar por arriba de esta tierra baldía; o como lo hizo James Cameron no hace muchos años, los botes para sobrevivir al naufragio.
Watchmen, película adaptación de un famoso y aclamado comic, es todo lo contrario a lo que venimos describiendo sobre el cine. Es una negación constante. Por un lado niega todo orden narrativo y estético. En lugar de ese orden, impone un caos que abruma con sonidos furibundos y violencia, ralentis efectistas y canciones famosas. La narración se deshace en subtramas y flashbacks que también abruman en lugar de enriquecer el relato. Y como si no fuera suficiente, Watchmen busca compensar su espectacularidad vacua con un tono solemne que atraviesa las casi tres horas que dura. Pareciera que hay una pretensión (pseudo)filosófica en la película, con cada personaje representando diferentes posturas. Así se expresa en cada diálogo, siempre pronunciado con un tono de gravedad que lleva a la risa. Se habla de la percepción del tiempo, de principios morales, de Alejandro Magno, de faraones, hay un personaje con cualidades que se suponen divinas... La operación es simple: la idea de hacer algo prestigioso citando o nombrando ciertos temas que de por sí se creen importantes, sin reparar en que en todo caso lo importante es hacer de esos temas algo actual, que se despliegue frente al espectador en estado operativo.
Es, como se ve, un híbrido, una gran celebración del estado de confusión mediante la anulación del potencial estético-simbólico del cine.
Y la confusión lleva a la inversión. Creyendo que se reflexiona sobre lo heroico, ese elemento se niega y se invierte. No hay héroes ambiguos o conflictuados. Hay, sin más, personas con ciertas capacidades extraordinarias (físicas, intelectuales) incapaces de usarlas con virtud. Alguien podría decir que justamente lo que la película plantea es que en un mundo como el que se describe en la fábula es imposible tal cosa. Pero para eso sería necesaria la aparición de algún elemento que se contraponga a ese (des)orden establecido y cuya voluntad sea vencida o imposibilitada de desarrollar. Ni hay contraposición alguna, ni de manera explicita y mucho menos simbólica. Las puertas están cerradas, los puentes derrumbados y los botes hundidos. Sencillamente porque no hay más allá posible. Y es esto último la causa de todos los males de la película.
Es posible que Watchmen grite que el mundo es una porquería, feo, violento, inexplicable. Lo hace a grito furioso, haciéndose notar. Pero decide quedarse ahí, convirtiéndolo en espectáculo masivo, en una celebración cínica. Tan cínica como todos sus protagonistas.
Watchmen es una larga publicidad de algo que el cine, con su sentido heroico y trascendente, siempre combatió: el nihilismo.
