jueves, enero 15, 2009

Una Historia fantástica

A pocos días de comenzado el año apareció, como un regalo de Reyes más que bienvenido, Tempestad y asalto, primera novela de Ángel Faretta que desde el título mismo establece su linaje espiritual y estilístico.
Tempestad y asalto
, Sturm und Drang en alemán, refiere, sin más, a aquel movimiento que dio origen al Romanticismo y que tenía como fin terminar con el así llamado iluminismo. La novela de Faretta, ambientada en la otra América, la del sur, entre la segunda mitad del siglo XVIII y los primeros años del XIX, se inscribe tal vez como la primera obra verdaderamente romántica producida en Argentina. Decimos “verdaderamente romántica” porque hubo desde siempre un malentendido, incluso una inversión, del sentido real de ese movimiento que opuso a la ilustración, al racionalismo y a sus ilusiones tiránicas de progreso una serie de ideas, sentimientos y expresiones anímicas que se tradujeron en diferentes formas de representación, entre las que se destacó el relato fantástico, fruto de la imaginación de ciertas mentalidades que se resistían a vender sus almas y resignarse a tomar el camino que Europa empezaba a trazar como único posible. Ese estado anímico y mental de los románticos puede resumirse, tomando un ejemplo claro y cuyo eco resuena en Tempestad y asalto, en el nombre de E.T.A Hoffman, autor del ejemplar cuento El hombre de arena. Caminado seguro por esas sendas, Faretta construye su novela a partir de las aventuras de Santiago Lenz y Afín Urruchúa, quienes deben enfrentarse a un misterioso personaje llamado Mertens, que antes fue el profesor de “física trascendental” Kleist, y que antes fue... tantos, tantos otros hombres. La constante aparición de este caballero, sus siniestras intenciones, sus conocimientos alquímicos y las consecuencias que esos conocimientos generan en el interior del joven Lenz son pistas suficientes para que podamos entrever su verdadera, maligna, identidad. A partir de este enfrentamiento, sugerido en las primeras páginas y luego resuelto en un final tan potente en imágenes que nos hace pensar en el mejor John Carpenter, el autor irá tejiendo toda una red de situaciones y peripecias fantásticas (y lo fantástico es, sin más, reflejo poético de la metafísica) que hacen de la lectura de la novela una experiencia por demás placentera, mientras que su halo misterioso hará que nos preguntemos qué hay detrás del relato.


Y aquí sería bueno que nos planteáramos la siguiente pregunta: ¿cómo es posible escribir un relato de esta clase en esta época y en este lado del mundo sin caer en un neo o tardo-romanticismo, en el ejercicio de estilo vacuo? La respuesta, luego de leer Tempestad y asalto, es: desde la autoconciencia (1) . Este saber autoconciente le permite al autor reconocer los límites del Romanticismo, y más aún, aceptar que no se puede –no se debe- ser romántico en nuestra época, sino que, en todo caso, se debe tomar de ese movimiento lo que tiene de operativo y reactualizarlo. Para ello, genial y sintéticamente, Faretta recurre a otro movimiento, aquel que tuvo más claros sus fines y política: el Barroco. Y este elemento se refracta en el costado histórico de la novela que pone de relieve algunos de los sucesos que fueron anticipando el nacimiento de nuestra Nación. Este plus que Faretta le da al relato fantástico, esta vuelta que le agrega a la espiral (figura simbólica que aparece una y otra vez a lo largo libro) actúa como cura y evita la caída en ese posible neo o tardo-romanticismo (2).

Referirse a lo barroco, si se entiende bien el término, es hacerlo directa o indirectamente, a la obra de los hombres de la Compañía de Jesús, protagonistas fundamentales de Tempestad y asalto. Buena parte de la fábula transcurre en los tiempos de la expulsión de estos hombres, situación ante la cual algunos optaron por la resistencia, otros se resignaron, y finalmente un tercer grupo tomó la decisión de “entrar en el mundo”. Así, simulando ser parte del nuevo orden (emboscándose, decimos, tomando palabras de Jünger) los viejos integrantes de la Compañía permanecieron como sociedad secreta, como guardianes de la Tradición, que en el nuevo mundo ya comenzaba a ser borrada. Uno de esos hombres es Theodor Lenz, padre de Santiago nada menos.

Pero la impronta barroca de la novela no se reduce a meras referencias sobre los jesuitas sino que se deja notar en el talante y la construcción de sus frases, que a veces parecen hacer una de más, pero no como producto de quien carece de estilo y entonces agrega más palabras sin sentido, sino como –precisamente- ese proceder jesuítico en el que, como explica Urruchúa en alguna de las páginas de su diario, hay “un ritualizado desgaste, un desperdicio minucioso de lo superfluo, como quien se purga de una sangre demasiado espesa, un carácter siempre cercano a la ira, una plétora siempre a punto de rebosar por exceso de imaginación y de alcanzar su hybris. Y en ese desagotar lo excesivo se alcanza un estado alterno y cercano a lo sacrifical”. Toda una definición del arte barroco.

Y por otro lado –por el mismo en realidad- hay una fuerte presencia de la política barroca, la última de voluntad ecuménica, aquella que en buena medida llegó a estas tierras mediante los Padres de la Compañía para traer la Tradición y que, una vez en retirada (por la fuerza), supo emboscarse, como decíamos antes, para salvaguardarla de “las luces”. Faretta une, mediante una operación literaria fascinante, la conspiración de los “alumbrados” (término irónico y nada ingenuo que utiliza Theodor Lenz para referirse a los partidarios del iluminismo) con las intenciones de Kleist-Mertens. Y al llevar adelante tal operación, toma posición, define los bandos. Hace verdadera política.


Años después –sabemos- vendrán los sucesos de mayo, en los que, si no entendimos mal la novela y nuestra Historia, la pugna entre esos bandos se verá reflejada en la Revolución, y de allí en más durante todo el todo siglo XIX argentino. Y recordemos, dato nada menor y pocas veces resaltado, que la Independencia es un acto de secesión frente a la España borbónica, la que tuvo lugar luego del fin del reinado de los Austrias. O sea la España que ya quería olvidarse de su espíritu tradicional.


Es Tempestad y asalto, con su romanticismo reconducido hacia lo barroco, con su universo fantástico y su anclaje histórico, un posible nuevo punto de partida para pensar y repensar el nacimiento de nuestra Patria. Y lo que fue, y lo que aún espera ser.


Hemos escrito algunas líneas y lejos creemos estar aún de dar cuenta de la profundidad de la novela. Hay símbolos y sentidos todavía por revelar. Nos queda mucho por entender. Una tarea por demás estimulante.


1- Tomamos la definición de autoconciencia que el propio Faretta acuñó en su libro El concepto del cine: “se sabe que se sabe y se sabe qué se sabe”.

2- De la misma manera podríamos decir que la impronta fantástica-romántica de la novela evita que el costado histórico caiga en el ya por demás desgastado, y desde siempre inútil, historicismo.

viernes, agosto 08, 2008

Batman, el caballero de la noche (1° parte): Un agente de Caos

Sin el mínimo temor a equivocarnos, decíamos en la introducción a estas notas que Batman, el caballero de la noche era una película teológica. Si sostenemos esto es porque vemos claramente que EL tema, el eje central del film no es otro que el del Mal. Los indicios que nos da Nolan al respecto son claros. Muy claros, incluso demasiado. Pero si tenemos en cuenta que vivimos en tiempos de confusión, entonces tal vez tendríamos que ser comprensivos con el director y darle la derecha. Porque probablemente tanta claridad en la exposición de un tema (de este tema) se deba a la furia inevitable que se siente al querer enfrentar, o al menos decir algo, en contra y en medio de una época tan confusa y confundida.

Lo primero en lo que deberíamos detenernos para acercarnos a la verdadera naturaleza del Guasón –y así descubrir que se trata, sin más, de un demonio- es en sus motivaciones y objetivos. Preguntarnos qué busca, por qué y a través de qué medios. En el desarrollo de ese proceso iremos descartando otras posibles interpretaciones sobre el personaje, aquellas que se encargan de la parte exterior y que pueden llevarnos a cometer el terrible error de negar la verdadera identidad del sujeto en cuestión, que sería, además y sobre todo, negar la película en sí. Una lectura errada (ya sea por falta de formación, por pereza intelectual, por desviación espiritual o simplemente por estupidez) no es otra cosa que una falla en la compresión del hecho estético; es la negación de todo valor simbólico, y esto, llevado a sus últimas consecuencias es la negación del arte. Gran parte de la modernidad fue construida sobre esa negación.

La primera acción que vemos del Guasón, aquella que da comienzo al film, es el robo de un banco. A partir de allí podríamos empezar a creer que se trata de un delincuente. Uno muy violento y ambicioso, payasesco y excéntrico, pero delincuente al fin. Sin embargo, Nolan nos irá mostrando que es algo más que eso. En primero lugar, a través del desarrollo del argumento, iremos viendo cómo en realidad ese robo es sólo una parte del plan con el cual el Guasón comienza a manipular al crimen organizado de Ciudad Gótica. Para finalmente eliminar completamente esa posible interpretación, tenemos que recordar una escena clave de la película: cuando el demoníaco personaje encarnado por Heath Ledger quema una pirámide de millones de dólares y en cuya cima se encuentra el contador chino que maneja los fondos de los diferentes grupos delictivos. En esa escena, a la que ya volveremos por otras cuestiones, le grita a uno de los delincuentes que a ellos sólo les importa el dinero y que eso no significa nada. A este demonio –como a todo demonio con conciencia de su identidad- los valores materiales no puede importarle más que como instrumento, como medio para ir hacia otros objetivos. En ese momento directamente lo grita. Y Nolan lo pone en escena al mostrarnos el incendio de todos esos billetes (y de un contador).

Liberados entonces de pensar que se trata de un ladrón, la segunda lectura errada en la que podríamos caer es en considerar a esta nueva versión del Joker como un demente. Si hay un procedimiento establecido para negar la naturaleza otra de cualquier expresión que excede lo “racionalmente” explicable, es la de reducir esas manifestaciones a trastornos mentales, psicológicos o psiquiátricos, o como se prefiera llamarlos. En cuanto a esto, nunca debemos olvidar que el cine ya ajustó las cuentas a través de esa obra maestra absoluta que es La mujer pantera (The cat people, de Jacques Tourneur). En Batman, el caballero de la noche las interpretaciones de este tipo (materialistas) quedan invalidadas por dos procedimientos que parten de un mismo elemento de la historia. Uno es el que el propio personaje lleva adelante. En dos ocasiones el Guasón cuenta cómo se le produjeron sus cicatrices, y en ambas cuenta historias diferentes que comparten el hecho de ser situaciones que habitualmente son denominadas cómo traumáticas: problemas con un padre violento o una esposa. Al mentir de esta manera, el personaje se burla de esas lecturas psicologistas, juega con ellas y se ríe de la limitada capacidad que parece tener la mayoría de la humanidad hoy día para identificar males de otro orden como los que él encarna. El otro procedimiento es el de Nolan, quien a través de esas dos escenas, más aquella en la que el villano intenta contar una nueva versión a Batman –quien, claro, no le permite siquiera terminar: por algo es el Héroe- nos advierte que además de no escucharlo, no tenemos que caer en esas lecturas, porque son, en definitiva, una de las tantas armas con las que intenta alcanzar sus objetivos.

Finalmente, queda una tercera interpretación, tal vez la mas difundida y que está muy en boga, posiblemente porque se presta demasiada atención al contexto mundano. Esa interpretación es la que indica que el Guasón es un terrorista-anarquista. En primer lugar, hay que señalar un error fundamental en esta apreciación, muy peligroso, y desgraciadamente muy común: el de confundir anarquía con caos. Signo de los tiempos, estas palabras se usan como sinónimos, y es altísimo el riesgo que se corre al hacerlo. Mientras que la anarquía se refiere al orden civil de los hombres, el caos tiene connotaciones cósmicas. Caos es lo anterior a la Creación. Un anarquista no cae necesariamente en la negación de la Creación, ni añora el Caos. Aclarado el punto, pensemos entonces en el personaje que nos ocupa. ¿Es un anarquista? No, porque sus objetivos no se dirigen a ese plano, al civil. Él mismo lo dice: “Soy un agente de caos”. Más allá del chiste, más allá de que este sujeto siempre miente y que hay que tratar de no escucharlo (ya lo decía el Padre Merrin en El Exorcista), esas palabras, esa broma nos da otra pista para que podamos ver lo que a esta altura ya es inevitable creer: que el Guasón de Nolan es el demonio más claramente configurado en mucho tiempo. Casi groseramente configurado. Como todo representante del Mal, lo que quiere, lo que añora, es el Caos, porque aborrece la Creación (¿será por esto que en un momento, otra vez en “broma”, dice que no le gusta su padre?; no creemos que haga falta aclarar que la Creación es lo hecho por el Padre, aunque...). Entonces es hacia el Caos donde el Guasón quiere llevar a Ciudad Gótica. Y así, Batman, nuestro héroe, será el defensor de la Creación.

Tratemos de probar aún más esta naturaleza diabólica de la criatura encarnada por el desgraciado Ledger. Busquemos en la puesta en escena, en sus simetrías, elementos que respalden lo que a esta altura ya nos parece muy claro. Durante la persecución que sucede al promediar el film, vemos un micro incendiado. Esa imagen aparece en el comienzo de la secuencia, cuando todavía hay cierta calma. Al ver el colectivo prendido fuego los choferes se extrañan. Para nosotros, no es más que una primera señal. Es por demás obvio relacionar el fuego con lo infernal. Entonces al ver fuego ya podemos comenzar a pensar en lo demoníaco. Luego vendrá la escena ya citada, aquella en la que el Guasón incendia millones de dólares. La presencia del fuego aquí ya es mucho más notoria. Esa escena concluye luego de que Nolan corte a un plano general y veamos al personaje festejando con un inmenso fuego detrás. Una imagen aterradora. Si con el micro incendiado comenzábamos a pensar en una presencia infernal, aquí ya estamos convencidos: el Guasón no es más (¡no es menos!) que un representante del inframundo. Finalmente, ese infierno se hará totalmente visible cuando haga volar un hospital. La escena anterior sucedía en un depósito escondido. La del hospital en medio de la ciudad y de día. El infierno llega a Ciudad Gótica.

Hay más todavía, y sobre ello seguiremos en la próxima entrega de estas notas. Nos queda todavía referirnos a las intenciones del Guasón. Ya dijimos que busca el Caos. Pero además, su búsqueda es también otra. Porque si hay algo que todo demonio busca es el alma de los hombres.

Continuará...

jueves, julio 24, 2008

Batman, el caballero de la noche (Introducción)


"En lo que se refiere a los diablos, la raza humana puede caer en dos errores iguales y de signo opuesto. Uno consiste en no creer en su existencia. El otro, en creer en los diablos y sentir por ellos un interés excesivo y malsano".
C.S. Lewis, prefacio a Cartas del diablo a su sobrino

No debería llamarnos la atención que el eje central de Batman, el caballero de la noche haya pasado inadvertido para casi todos (¿casi?). Un poco por simple ignorancia, y otro poco –o mucho- por negación de ciertas cuestiones, saberes y tradiciones, el tema central del film de Christopher Nolan ha pasado inadvertido en medio de una cobertura mediática inmensa. ¿Cuál es el tema? La irrupción clara y grosera del Mal en el mundo a través de la figura del Guasón, quien no es ningún demente, así como tampoco ningún ladrón o terrorista, sino que es, sencillamente, el demonio más claramente identificable del cine de los últimos años. Por esto podemos afirmar que Batman, el caballero de la noche es sin más una película teológica, ya que su problemática trabaja sobre la cuestión de la naturaleza del Mal, de sus formas de actuar, y de sus objetivos.


Si lo que dice el señor Lewis en la cita que ecabeza esta introducción es acertado -y así lo creemos nosotros-, hay que decir que hay un triunfo del mal, al menos en cuanto a la recepción del film, ya que a la negación que describimos antes, hay que sumarle la fascinación que ha despertado la figura del Guasón, sobre todo a partir de la muerte del actor que lo representa.


Pero tal vez no todo esté perdido, ya que existe una película que se anima a plantear la cuestión del Mal como forma de seguir pensando en el problema más importante –o que deberían serlo- del ser humano: la posibilidad de elegir el Bien por sobre la tentación del Mal. Elegir el camino de la virtud o estar en una caída constante.
Trabajar sobre la representación del Mal tiene sus riesgos. Nolan los asumió y podríamos decir que salió airoso, aunque tal vez, sobre el final del film, cometa junto a Batman un error importante. Ya volveremos sobre todo esto. Por el momento alcanza con decir que en medio de tanto ruido y confusión, hay una película que se aparta de lo "cotidiano" para dirigirse a algo mucho más profundo y trascendente.

Continuará…

viernes, julio 11, 2008

WALL-E




Una vez más, Pixar demuestra que hoy por hoy es el único "estudio" en el cual se puede confiar sin mucho temor a ser defraudado.
Pura imaginación puesta el servicio de una visión certera y profunda. La gente que pasa por Pixar -en este caso Andrew Staton - sabe realmente qué es el cine.

martes, junio 03, 2008

Sobre algunos estrenos más o menos recientes y por venir (y varios links)

Los dueños de la noche (We own the night, de James Gray): Este será, sin dudas, uno de los estrenos más destacados del año. James Gray (a partir de este momento empieza la búsqueda de sus anteriores films, no estrenados ni editados por estas tierras) hace aquello que hoy parece extraño y que se hace extrañar: reconfigurar formas míticas y trágicas. Eso es el cine, desde Griffith en adelante. Si hoy esas formas parecen perdidas bajo derroches de producción, cursilerías varias, demagogia, amoralidad y estupidez, cada tanto el espíritu mítico y trágico del cine dice presente, demostrando que es imposible anularlo por completo. Y cuando lo hace, todo a su alrededor queda desnudo y en evidencia. Los dueños de la noche es un policial y un drama familiar. Pero es tanto más como seamos capaces de ver, como seamos capaces de leer en su puesta en escena. Algo de eso intento hacer aquí: http://www.leercine.com.ar/nota.asp?id=133


Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, de Steven Spielberg): quien quiera un análisis adecuado, una crítica que valga la pena, debe darle una lectura a esta crítica de Santiago García http://www.leercine.com.ar/nota.asp?id=135 . Por mi parte digo que esta nueva entrega de Indiana es una película necesariamente anacrónica, de un espíritu clásico que hoy día es cada vez más escaso. Spielberg actualiza su mirada sobre EE.UU a la par de su héroe. Y una vez más –como en Inteligencia Artificial, como en Atrápame si puedes- pone en perspectiva su propia filmografía. Un Spielberg fordiano.
* Como soy muy democrático, dejo un link con una crítica en contra: http://linkillo.blogspot.com/2008/05/cine-indy.html, pero no me hago responsable de las tonterías que allí abundan... Eisenstein inventor del cine, por favor...

Iron man (Jon Favreau): Básicamente es una película atolondrada. Un producto, en el sentido más industrial de esa fea palabra. Un guión muy básico, una puesta en escena sin mucha elaboración que se sostiene básicamente por los efectos especiales (muy lindos algunos... pero ¿y?) y un actor que de ninguna manera puede encarar un héroe de este tipo: demasiado cínico, demasiado impostado, demasiado exterior. Robert Downey Jr. parece actuar siempre desde la ironía y la distancia con los personajes que interpreta. Y el resultado de esto es un actor que parece guiñarnos el ojo diciéndonos que lo que vemos es un chiste, que lo heroico es una broma o un divertimento pasajero. Y además, es un actor que hace que todo se base en él, por lo tanto es imposible que la película vaya más allá de su figura. Por supuesto que hay cosas peores (cambio Iron Man por todas las películas rumanas que existan), pero eso no la hace buena.


I´m not there (Todd Haynes): En su carrera Haynes ha hecho trabajos muy interesantes. Pero en este pseudobiopic de Boyb Dylan se estrella contra los vicios del cine independiente y arty. El supuesto vanguardismo de la película, o su originalidad, se basa en una idea muy básica: tomar hechos biográficos del músico y disfrazarlos un poco con unos toques de experimentación formal y de ironía. Y nada más. Haynes se queda ahí, en el gesto, en la pose. No construye ideas, construye viñetas superficiales. También intenté una análisis algo más detallado aquí: http://www.leercine.com.ar/nota.asp?id=134

jueves, mayo 22, 2008

Diálogos

Hablar de cine de manera profunda, lejos de las modas culturales y de la banalidad periodística, es algo muy difícil hoy día. Mejor dicho, leer algo realmente profundo acerca del cine es muy difícil. Por eso estos diálogos, a los cuales se puede acceder a través de este link: http://www.djaen.com/articulo.asp?articuloID=5, son más que bienvenidos.

Poner en práctica diálogos en lugar de hacer una entrevista. Esa es la única forma posible de acercarse a las ideas; de aprender y enseñar.

viernes, abril 18, 2008

Mujeres deseadas y/o imaginadas: esas “otras” mujeres.
Relaciones vicarias.
Y lo trágico.
También la puesta en escena del imaginario de un país que supo tener un gran cine.

Más allá del olvido, Hugo del Carril, 1956.
Rosaura a las diez , Mario Soffici, 1958.
Argentina Sono Film.

lunes, abril 07, 2008

Del sentimiento trágico de la vida

El Padrino 3 (The Godfather: part III)

"Espero, lector, que mientras dure nuestra tragedia, en algún entreacto, volvamos a encontrarnos. Y nos reconoceremos. Y perdona si te he molestado más de lo debido e inevitable, más de lo que, al tomar la pluma para distraerte un poco de tus ilusiones, me propuse. ¡Y Dios no te dé paz y sí gloria!".
Miguel de Unamuno.


Coppola firma lo mismo, cambiando Pluma por Cámara.

martes, marzo 11, 2008

Ver o perecer

Luego de un considerable retraso que impacientó a quienes esperábamos con ansias tener este volumen en nuestras manos, finalmente está disponible Espíritu de simetría, segundo libro -sin contar su obra literaria- publicado por Ángel Faretta después de que en 2005 fuera editado el resumen de su teoría del cine titulado El concepto del cine.

Espíritu de simetría (bellísimo título) reúne la totalidad de los escritos que el crítico y teórico –sería más apropiado llamarlo simplemente pensador- publicó en la revista Fierro entre los años 84 y 91, más un prólogo donde analiza y describe el contexto en el cual fueron concebidas esas notas y en el que también ajusta las cuentas consigo mismo ya que con el paso del tiempo y el desarrollo de su teoría algunas de sus viejas ideas, y sobre todo algunos de los directores que consideraba autores por aquel entonces, ya no se ajustan a su visión actual (en esa lista aparecen Wenders, Bertolucci, Scorsese y, generando el mayor desacuerdo con quien esto escribe, Eastwood). En ese ajuste de cuentas entran del mismo modo algunos escritores, ya que los ensayos también abarcan la literatura.
En esas páginas iniciales del libro – un Prólogo para argentinos- quedan claras las intenciones y el alcance de la teoría farettiana: no se trata de una mirada cerrada sobre el cine, sino que dicha teoría es también una teoría general estética y, sobre todo, una teoría crítica de la Modernidad. O sea que el sistema de pensamiento de Faretta es simétrico al del cine.

Además de ser el complemento perfecto de El concepto del cine, ya que ver las ideas teóricas aplicadas a películas y autores ayuda a entender mejor lo allí expuesto, Espíritu de simetría nos ofrece un plus que el libro anterior, debido a su naturaleza de resumen teórico de un sistema de pensamiento complejo y profundo, no podía ofrecer, y este plus, decimos, es la posibilidad de contemplar (disfrutar) la extraordinaria visión de Faretta. Porque si hay algo que lo destaca es la lucidez y brillantez con la que es capaz de mirar una película y desentrañar su puesta en escena. Si todo el saber del cine, de un autor, de una película nos es dado a través de la puesta en escena, es claro que nadie ha llegado tan lejos en el entendimiento de ese saber como Faretta. Los ejemplos para validar esta afirmación sobran; sólo basta recorrer el libro y ver la lectura que hace de las obras de Coppola, Carpenter o Cameron para darse cuenta de que ningún otro crítico, teórico o ensayista, ha alcanzado su profundidad, tanto en comprensión como en argumentación. Y eso que se ha escrito mucho sobre esos autores...

Certera, implacable, decidida, sin medias tintas, la obra de Faretta –con dos libros publicados- ya es accesible para todo aquel que se proponga entender (y no hablamos solamente de cine, claro está...).

Saber ver. De eso se trata. Como dice Teilhard de Chardin en la cita que da comienzo al libro: “(...) He aquí por qué, sin lugar a dudas, la historia del Mundo viviente consiste en la elaboración de unos ojos cada vez más perfectos en el seno de un Cosmos, en el cual es posible discernir cada vez con más claridad. La perfección de un animal, la supremacía del ser pensante, ¿no se miden por la penetración y el poder sintético de su mirada? Tratar de ver más y mejor no es, pues, una fantasía, una curiosidad, un lujo. Ver o perecer. Tal es la situación impuesta por el don misterioso de la existencia a todo cuanto constituye un elemento del Universo. Y tal es consecuentemente, y a una escala superior, la condición humana”.

A través de su mirada, Faretta nos ofrece –junto al Cine- algo que en estos tiempos es cada vez menos frecuente: la posibilidad de aprender a ver más y mejor.


http://www.djaen.com/

jueves, marzo 06, 2008

Asociación no tan libre



Soy el próximo en la lista
(y a Dios gracias)
ya pronto me convertiré
en el famoso mito aquel
es la epidemia que se acerca para nacer mañana

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Parece un desierto la ciudad
ya es hora de resucitar
mañana ya verás
van a crecernos alas

Soy leyenda + Massacre

jueves, febrero 21, 2008

Es muy posible que con Promesas del Este David Cronenberg haya hecho su mejor película. Esa impresión ya la había dado con su anterior film: Una historia violenta, pero ahora el canadiense parece haber alcanzado un punto muy alto. Sus obsesiones, su costado truculento y su retorcida visión del mundo siguen estando, pero tamizadas por un equilibrio espiritual que ciertos artistas alcanzan en su momento de esplendor –nos permitimos usar una expresión que muchos se negarían a reconocer en este autor-. Así como el De Palma de Misión a Marte y el Ford de Más corazón que odio, así el Cronenberg de Promesas del Este. Y esa característica vuelve a su cine más profundo, y también más ordenado y claro, con una dirección determinada. Primera historia y segunda historia. Puesta en escena simbólica. Su película más luminosa, aunque no le falte amargura. Y tampoco la ironía. Pero no deberíamos confundirnos: hay ironía, hay cierto tono paródico, pero eso sólo se queda en el plano de la representación, porque lo que corre por debajo va muy en serio. Cronemberg nos regala un cuento de solidaridad y amor, horroroso muchas veces, pero que gracias a la santidad de Anna (Naomi Watts) y al poder decisionista y los sacrificios de Nikolai (Viggo Mortensen) –el héroe que no duda en hundirse en el barro por una causa mayor- puede ser también muy bello.

miércoles, enero 30, 2008

¿Qué has hecho, Brian?

Redacted (Brian De Palma).

martes, enero 22, 2008

Link

Uno de los mejores críticos y teóricos que se pueden leer hoy día colabora en el sitio Miradas. No lo hace muy seguido, pero cada vez que lo hace sus textos, por estilo y profundidad, por originalidad y capacidad de análisis, se vuelven una referencia inevitable.
En la última actualización del sitio apareció una columna de Juan E. Lagorio (a él nos referimos) que promete ser mensual.

El texto es excelente. Como siempre, el autor intenta ir al fondo en cuanto al sentido último del cine.
De paso me sirvió para tener un fondo teórico sobre el cual sostener mi negativa opinión acerca de los últimos trabajos de Tarantino y Rodríguez. Estaba por escribir al respecto, pero ya no lo haré. Sólo sé que de hacerlo, aplicaría las ideas vertidas por Lagorio en su texto.

Aquí se lo puede leer: http://www.miradas.net/2008/n70/opinion/eutrapelia.html

viernes, enero 11, 2008

Cierta infamia de cuño liberal-burgues

En el último número de El Amante hay una cobertura importante de El hombre robado, debut del director argentino Matías Piñeiro. Recuerdo haberla visto durante el último Bafici, y si bien estuvo lejos de parecerme una gran película, su costado nouvelle vague me había caído simpático.

Bueno, en la revista hay una serie de declaraciones del director que lo muestran muy afrancesado, muy “intelectual” a la manera europea. Y entres esas declaraciones se encuentra la siguiente:

(..) En la ciudad aparecen como bombas las posibilidades de construcción de relatos: el botánico, que es junto con el zoológico una idea de Sarmiento, está lleno de personajes que remiten a La metamorfosis de Ovidio; en el campo de Rosas, una vez ganado ese territorio a la barbarie, lo que Sarmiento hace inmediatamente es civilizarlo, promover zonas de estudio de la flora y de la fauna para revertir los efectos causados por el régimen anterior(…).

Pocas cosas me apasionan tanto como la historia argentina. Y pocos cosas han sido tan olvidadas, debido a la despolitización reinante, como el estudio de esa historia (obviemos a Pigna, por favor). Así que, preso de esa pasión, no pude más que enfurecerme ante semejantes palabras, que no son nuevas claro; el discursito liberal que siguió a la batalla de Caseros fue el oficial durante mucho tiempo, y si bien una gran cantidad de personas inteligentes y capaces se han encargado de analizar y desenmascarar esa postura infame, todavía aparecen restos, como en esta oportunidad. Es raro que aparezca en un director de cine argentino. Si alguien me decía que una película argentina iba a tener relación con la historia de su país, jamás lo hubiera creído, pero es cierto, y en principio eso es algo altamente positivo. Claro, eso se derrumba al ver que se trata de una tardía consecuencia de la ideología liberal y antinacional que se impuso luego de la caída de la Confederación. Civilización y barbarie, la gran mentira divulgada por Sarmiento, que ahora un joven cineasta intenta poner otra vez en circulación a través de su pretenciosa postura de director intelectual. Cualquiera que haya estudiado medianamente la historia argentina sabe que tal dicotomía -en la que barbarie es sinónimo de federalismo, caudillismo y Juan Manuel de Rosas- es una enorme patraña a través de la cual la oligarquía liberal –siempre cargada de desprecio hacia los habitantes criollos pertenecientes a otra clase- llevó adelante su proyecto. Ese que impidió, justamente, el desarrollo de un país: Argentina.

La sombra terrible de Sarmiento sigue siendo evocada. ¿Quién iba a decir que iba a aparecer en un lugar tan insólito?
En realidad no tanto, el “cine independiente” (o gran parte de él), es en cierta forma el último avatar de cierta conciencia burguesa, que tan nefasta fue y sigue siendo para el país que la acoge.

Fuera de lista: Desapareció una noche

Suele suceder que una vez finalizada la lista de “las mejores películas del año”, uno ve algún film que le había quedado pendiente y se da cuenta de que si la hubiera visto antes formaría parte de aquel listado
En esta oportunidad me pasó con Desapareció una noche (Gone baby Gone), ópera prima del torpe actor Ben Affleck, que en su debut tras las cámaras demostró ser un director con un pulso más que interesante.
Se trata de una de esas películas que quitan el aliento, que lo dejan a uno con un cierto malestar. Esas películas que provocan alguna incomodidad, pero no porque busquen deliberadamente “molestar” al espectador o vaya uno a saber qué otro tipo de procedimiento “modernista”. Genera eso simplemente por las cosas que hay en juego en el relato: dilemas morales, angustias personales y sociales, violencia, horror cotidiano. Aspectos que de por sí sólo pueden incomodar a nuestra sensibilidad; sin embargo, cuando hay un director con la mirada bien dirigida, sobre todo podemos pensar para arrimarnos a esas cuestiones desde la incomodidad pero nunca por ser chantajeados emocionalmente. Ben Affleck ha hecho una gran película: decidida, firme y compleja, de una factura formal irreprochable y, sobre todo, muy profunda, que abre el juego a diferentes posturas (éticas, morales y religiosas) pero siempre mirando desde un único centro (ese es el trabajo del artista). Una mirada desoladora sobre una sociedad que parece haber perdido casi por completo toda posible conciencia de trascendencia, cuya concepción materialista ha derivado en el horror pleno. Un mundo caído visto por la cámara de un director que parece tener mucho para decir con sus imágenes. Y también, un mundo caída visto y explorado por una persona que trata de entender y ordenar: Patrick Kenzie (Casey Affleck), uno de los héroes mejor construidos en mucho tiempo.
El plano final, ya destacado en varios lugares, es el mejor ejemplo de cómo se deben considerar y concebir las imágenes para que éstas formen parte del Cine y no de un simple objeto audiovisual.
Muy bien por Ben. Como me dijo un amigo: “le encontramos una profesión”.