martes, abril 24, 2007

La literaria liviandad de Lanata

Desde hace unos días está disponible la nueva novela de Jorge Lanata, Muertos de amor. Sin motivo alguno (bueno, digo esto como si hiciera falta tener uno para comprar un libro) adquirí un ejemplar de forma inmediata y me puse a leerlo. Así volví a suspender la lectura que me tenía ocupado (Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Puig, libro condenado a mi eterno abandono). No había leído nada sobre el nuevo libro de Lanata, ni siquiera sabía de qué trataba. Recuerdo haber visto al autor en la tapa de alguno de los suplementos de Perfil pero no había leído la nota. Recién me enteré del tema del libro al mirar la contratapa: un acercamiento a la violencia revolucionaria argentina de la década del 60 centrada en la figura del periodista Jorge Ricardo Masetti y el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), guerrilla guevarista que comandó en su intento de instalarse en la selva de Orán, provincia de Salta.
La novela tiene una estructura fragmentada y está poblada de varias voces y tonos. Incluye cartas y documentos reales y los mezcla con la propia prosa del autor, que vendría a ser su aporte al tema: sería ese plus que debería convertir el simple trabajo de buscar y editar información en una empresa literaria, por llamarlo de alguna forma. O sea: el paso del periodismo a la literatura. Pero tal empresa fracasa al hundirse rápidamente en su intrascendencia, en su liviandad, en su afán decorativo. En definitiva lo que busca Lanata es un tono literario, y esa impostura no hace más que alejarlo de la literatura.
Nadie puede negar lo necesario que es instalar una discusión responsable sobre la violencia política argentina, alejada tanto de la demonización como del romanticismo. Algo de eso puede rastrearse en Muertos de amor. Tal vez la intención de Lanata era dirigir la atención hacia lo que puede tomarse como la semilla de los movimientos revolucionarios del país y tratar de encontrar ahí mismo el germen de muchos de los peores aspectos de la militancia armada (el autoritarismo, el mesianismo trasnochado, la adhesión a la Revolución más por motivos estéticos que por compromiso, el desprecio por la vida, el culto a la muerte, la incapacidad para comunicarse y comprender ciertos estratos sociales a los cuales querían llegar). Si esto es efectivamente así, si la idea era ayudar a instalar esa discusión, habrá que reconocer que en parte está lograda. Al poner en relieve unos acontecimientos y protagonistas que si bien son conocidos no lo son de manera tan masiva, el autor estaría instalando (o intentando instalar) un punto de partida o, por qué no, una nueva óptica para iniciar un debate pendiente. Y claro que en este sentido no hay nada reprochable, más bien lo contrario. Lo que es reprochable es el camino que eligió. Mejor dicho: no el camino, sino los resultados que obtuvo al tomar ese camino, que es el de la literatura (el intento de, para ser precisos, porque, como ya se dijo, más que a la literatura, a lo que se acerca Lanata es a un tono literario). Tan inconsistente es la novela, tan superficial son los pasajes en los que el autor intenta evocar los pensamientos y sensaciones de los protagonistas y tan atada está su prosa al lenguaje ilustrado/poético/progresista, que el olor a lugar común se respira en cada oración. Por otro lado, la estructura fragmentada y la variedad de estilos discursivos se siente como demasiado arbitraria y transmite la sensación de que no hubo ninguna elaboración. Queda la idea de que la novela fue armada un poco a los ponchazos, intercalando los distintos fragmentos sin una mirada más abarcativa que intente aportar un orden o un punto de vista sobre el cual girar (que tranquilamente puede incluir el “desorden” narrativo, un ejemplo logrado y más o menos cercano en tema y estilo sería No velas a tus muertos, de Martín Caparrós).
Así, al fracasar en su aspecto literario (único aspecto en el que debería ser juzgada una novela), Muertos de amor pierde toda posibilidad de aportar algo a esa discusión que sigue en suspenso.
Más allá de todo esto, hay que decir que se trata de un libro corto, livianito, que se lee de un tirón y que seguramente será un éxito de ventas: un libro ideal para los tiempos que corren.


*Consejo: no leer antes, ni siquiera relojear la nota final del libro. Allí, en una carilla y media, se cuenta de manera más clara, concisa y sin tanta parafernalia inútil las, no sé, 150 páginas de la novela. Nada más. Ahora sí, me dispongo, una vez más, a retomar el libro de Puig.

lunes, abril 23, 2007

BAFICI (6)

Algunas que me perdí:

Woman on the beach (Hong Sang-soo): la gripe hizo que renunciara a lo que seguro iba a ser una de mis favoritas. Digo seguro porque soy un profundo admirador de este cineasta. La virgen desnudada por sus pretendientes, The day a pig fell into the well, The turning gate, A tale of cinema; todas películas que me parecen sencillamente geniales. Y bellísimas. Hong es uno de los grandes cineastas contemporáneos, y uno de los mejores descubrimientos que hay en el historial de BAFICI. Por suerte ya vi dónde se consigue.

I don´t want sleep alone (Tsai Ming-lian): bueno, éste no necesita presentación. Si hablamos de grandes cineastas contemporáneos y que vimos gracias a las distintas ediciones del BAFICI, no puede quedar afuera. Parece que la película es tan genial como el resto de su obra. Supongo que tampoco será muy difícil de conseguir. Esta me la perdí, creo, porque me quedé dormido y salí tarde de casa.

Hana (Hirokazu Kore-eda): otro viejo conocido del BAFICI, festival en el que ganó con After life en la primera edición. No sé bien el motivo de haberla dejado pasar, pero bueno, no todo se puede. Si estrenaron Nobody Knows, podrían estrenar esta también, ¿no?

Syndromes and a century
(Apichtpong Weerasethakul): uno de los cineastas de moda. Blisfurry yours me parece una obra maestra, y Tropical Malady me gusta mucho. Sin embargo no lamento habermela perdido.

Instrument (Jem Cohen): esta me duele. Un documental sobre Fugazi. Y encima me han dicho que es muy bueno. Puta madre. ¿Alguien la tiene?

jueves, abril 19, 2007

BAFICI (5)

VHS Kahloucha (Nejib Belkadhi): Otra que vi gracias a Juan. Y la verdad que hice muy bien en seguirlo hasta la Alianza Francesa. Esta película es un documental sobre un tipo llamado Kahloucha, fanático de Eastwood y Bruce Lee y fanático del cine de género en general. Y ese fanatismo lo lleva a hacer sus propias películas con amigos del barrio en formato VHS, claro. El es guionista, director, actor, director de arte, productor... todo, menos cámara y editor, roles que cumplen otros amigos. VHS lo sigue durante el “rodaje” de Tarzán de Arabia. Y el título lo dice todo. A ver, para resumir la pasión y la locura de Kahloucha basta con describir un par de escenas. En un momento Kahloucha persigue a un gordo que corre a la velocidad de una tortuga. Al alcanzarlo, lo tira al piso y le dispara con un revólver que tiene sonido de chasquibum. Luego de esa acción vendrían unos planos del gordo sangrando. Bueno, en el documental vemos lo siguiente: luego de efectuar los disparos, Kahloucha agarra un vidrio y se hace un tremendo tajo en su brazo para ponerle su propia sangre al gordo. A ese nivel se maneja, con esa pasión siempre llevada al extremo. Otro ejemplo de esto es cuando incendia (y esto es literal) la casa de su hermana para rodar el final de su película.
Hay varios momentos más de antología y hay que aclarar que Kahloucha se toma muy en serio lo que hace, con un convencimiento que está a la par del Ed Wood burtoniano. Pero VHS, tiene algo más. Mientras seguimos a Kahloucha , también vemos la situación social de ciertos lugares de Túnez, las carencias de las personas y también las fuertes imposiciones sociales como la discriminación que sufren las mujeres, quienes, por ejemplo, no pueden asistir al estreno de Tarzán de Arabia, que se realiza en un bar del barrio y el cual es exclusivo para hombres.
Una película que desborda felicidad por el cine pero que no se olvida de poner la mirada en la realidad.


Honor de cavallería
(Albert Serra): Película que vi y no vi. A ver: como todas sus proyecciones se me pasaron de largo (incluso una que se agruegó), tuve que verla en la videoteca. Por eso digo que la vi y que no la vi. Honor de cavalleria es un film que pide pantalla de cine, grande, para poder transmitir todo lo que tiene. Una película onírica, en la que Quijote y Sancho son lo que todos sabemos que son pero metidos en una atmósfera extraña, mezcla de Gerry y Bresson. Caminan, nadan. No hay acción, hay contemplación. Una película que nos pide todo y nos da poco en primera instancia para finalmente transformarse en una experiencia única, trascendente.
Nunca jamás se va a estrenar aquí... pero soñemos con milagros: ojalá la podamos ver en pantalla grande.

How is your fish today
(Guo Xiaolu): Ficción/realidad. Peces. Hielo, frío. Un escritor sueña con trabajar para el cine. Escribe una historia que vamos viendo en forma paralela a la suya. Supongo que era una idea interesante. Pero me aburrí tanto que vi más de la mitad de la película con la cabeza en otro lado. Por eso no puedo decir mucho más. Y ya estaba con gripe para colmo.

lunes, abril 16, 2007

BAFICI (4)

Las mantenidas sin sueños (Vera Fogwill): Miseria, drogas, personajes patéticos y un guión demasiado presente que, justamente, resalta ese patetismo en cada línea de diálogo. Todos y cada uno de los personajes es orgullosamente idiota (salvo la niña, pero no cuenta ya que no se trata de un personaje cinematográfico sino de una construcción literaria y forzada por parte de los guionistas que nunca se vuelve verosímil). Ese regodeo en la falta de inteligencia sumados al desprecio por la belleza y la demagogia (los chistes de “humor negro” son ideales para ganarse al público cómplice) hacen de Las mantenidas sin sueños una experiencia tortuosa.

Canadá (Raúl Perrone): Perrone hiperminimalista. Muchos han dicho que se trata de un Perrone asiático, cercano a Apichatpong. Y algo de eso hay. Los primeros minutos me parecieron muy disfrutables. Las caminatas por el bosque, el paseo en bicicleta, pero poco a poco me fue ganando la incomodidad y finalmente no supe bien qué pensar. Creo que lo que más me gustó fue la presencia del actor oriental, que denotaba su carácter amateur en cada gesto, en cada acción, en cada palabra. Extrañamente se volvió lo más fascinante de la película. Un personaje único, imposible de describir, un gran acierto de Perrone haberlo elegido.

La línea recta (José María de Orbe): Más minimalismo, esta vez español pero con claros aires de Nuevo Cine Argentino. Para ser facilista voy a decir que es una especie de Rapado pero con un personaje femenino y casi sin humor. La película sigue a una joven en su trabajo, en las cosas que hace (o no hace) en su casa, en sus salidas, en sus charlas con el jefe o con un compañero de trabajo fanatizado con la tecnología. Nunca podremos adivinar qué le pasa, qué siente o qué piensa. La chica es la indolencia pura. Y es impenetrable. Ni siquiera podemos decir que se la ve amargada o disconforme. Nada de eso. Y entonces sin poder identificarnos con la protagonista vemos todo con cierta distancia y contemplamos lo absurdo de la vida cotidiana, lo feo que es vivir la mecánica moderna, lo angustiante que es levantarse todos los días en un mundo gris, lo triste que es conformarse con bajar música gratis o tener un celular última generación. Y lo bueno es que la película transcurre sin cansar y sin agotarse. Más que interesante.

Grande para la ciudad (Andrés Estrada/Juan Schnitman): De las más placenteras, tanto como esas bonitas canciones del grupo uruguayo Astroboy, protagonista de este documental. Los directores siguen a los integrantes del grupo en la grabación de su último disco (Big for the city) y descubren muchas lindas cosas: canciones hechas y canciones que se van haciendo, el tiempo compartido con amigos, la felicidad de estar dedicado exclusivamente a eso que nos apasiona, charlas sin importancia, un poco de metegol (fulbito, como dicen los uruguayos). Uno de los momentos más divertidos del festival es aquel en el que el guitarrista discute con el cantante sobre cómo suena la batería en un tema y de golpe, de la nada, en off, otro de los integrantes (creo que el bajista) dice algo así como que de ser Superman, en lugar de periodista hubiera elegido ser jugador de fútbol. Eso desencadena en una charla que hace olvidar la discusión y que termina en cualquier lado. El punto más alto llega cuando el guitarrista (que era el que más “enojado” parecía estar en la discusión) replica: “pero mirá si te descubren en el medio del partido y el técnico ya hizo los tres cambios”. No sé qué habrá querido decir, pero me causó muchísima gracia.

BAFICI (3) -Primeras Impresiones sobre Still Life-


Muy afectado físicamente por el cansancio y sobre todo por una gripe que estaba en pleno apogeo, el sábado me levanté temprano para asistir a la función de prensa de la que a priori sería una de las películas más interesantes del festival: Still Life, de Jia Zangh-Ke, sin duda uno de los directores más importantes de los últimos años. Y la verdad que no defraudó para nada. Still Life es, por un lado, áspera, difícil (es de esos films que nos piden mucho), opaca; y por otro lado es sensible, bella y fugazmente luminosa. El cine de Jia suele ser así porque sus historias sobre los cambios sociales, económico y culturales en China (para ser más preciso sobre los golpes que esos cambios implican para sus habitantes) son de una tristeza infinita pero también de un placer estético por momentos deslumbrante. Claro ejemplo es el comienzo de la película, una combinación de sutiles paneos y travellings que descubren rostros, cuerpos y objetos para poco a poco develar que se trata de un barco cargado de gente que parece escapar de la miseria en dirección a otra aun mayor. Finalmente la cámara se detiene en quien será uno de los protagonistas, Sanming que mira en sentido contrario al resto (también en sentido contrario al movimiento del barco). Todo se condensa en una sola imagen: un rostro y un cuerpo cansados, el mismo paisaje de fondo que luego será tan importante en el relato, y ese único gesto, esa única acción que tiene el protagonista como fuente de placer: la de encenderse un cigarrillo. Pocas veces algo tan pequeño como el acto de fumar se ha cargado de tanto peso dramático como en Still Life. Por eso cerca del final cuando Sanming se despida de sus compañeros y les ofrezca a cada uno de ellos un cigarrillo la emoción se volverá incontenible: Sanming ofrece lo único que tiene, el único bien consumible que el sistema parece dejarle (en realidad hay uno más: un celular con sus ringtones, pero ese se verá manchado por una desgracia) mientras su vida, sus lazos familiares, su pasado y su “lugar” son derrumbados.

Sin duda un film como este último de Jia merecen otro tipo de abordaje; estamos hablando de un cineasta de excepción cuyo trabajo formal amerita un estudio profundo y metódico. Material sobra: el trabajo que hace sobre el espacio (tal vez EL rasgo fundamental de su cine), la manipulación del tiempo (sus historias se oponen a los tiempos cotidianos del mundo), la fragmentación en el relato (en Still Life hay dos historias superpuestas y no paralelas), el uso del fuera de campo y del sonido... y mucho más. Los académicos pueden estar felices con la aparición de un cineasta como Jia, aunque su obra excede cualquier tipo de atadura intelectual.
Empecinado en retratar el devenir de China, Jia se convirtió en el gran cronista universal del devenir del mundo. Ningún cineasta es en ese sentido más contemporáneo que Jia. Sin embargo, no hay dudas de que sus películas (todas ellas vistas en diferentes ediciones de este festival) están destinadas a perdurar ya que apuntan al tiempo y no simplemente a nuestra época.

La obra de Jia según mis preferencias:
1) Unknown Pleasures.
2) Wiao-Wu.
3) Still Life.
4) The World.
5) Platform.
6) Dong (*).

* Este film es de alguna manera complementario de Still Life y también fue proyectado en el BAFICI 2007. Como no podía ser de otra manera es tan sofisticado y complejo como el resto de la obra de su director. Otro de los puntos altos de este año. ¿Alguien se animará a estrenar estas películas en condiciones adecuadas?

miércoles, abril 11, 2007

BAFICI (2)

Brand Upon the Brain! (Guy Maddin): Película hermosa, delirante, onírica, divertida, fascinante. Maddin es el cineasta de nuestros sueños y pesadillas. En él conviven Keaton, Burton, Dreyer, Whale y tantos más. Toda nuestra experiencia de espectadores se proyecta en sus películas en un viaje de ida y vuelta. Una catarata de sensaciones. Un historia que suma un delirio tras otro, aterradores y tiernos a la vez. En esta oportunidad protagonizados por un chico que está igualito al Antoine Doinel de Los 400 golpes. Amor y dolor. Comedia, experimentación, melodrama. Guy Maddin desatado. La música y los efectos de sonido “tocados” en vivo agregan buenos condimentos a la experiencia. La narración a cargo de Geraldine Chaplin, no. Pero no afecta en nada. Las imágenes de Brand Upon the brain! son imposibles de arruinar.

Wild tigers I have know (Cam Archer): Otras de las bellas películas de este BAFICI. Su historia no es original: un adolescente marginado de un suburbio americano se enamora de un chico más grande que él. Y no mucho más. El valor agregado viene en la sensibilidad estética que Archer le imprime al film. Por momentos las imágenes son contemplativas a la manera de Van Sant, en otros más recargadas y experimentales, y siempre están acompañadas de lindas canciones. Todo en un clima de ensueño simétrico a la sensibilidad de su protagonista. Una película-canción, fantástica y adolescente en el mejor de los sentidos.
También la vi con proyección HD, hecho que sin duda enriqueció la experiencia.

My one and onlies (Gyula Nemes): Esta película húngara es una estupidez total. Cínica, machista y clipera, entendiendo esto último como algo negativo (aclaro que no siempre es así). Sobre el final hay un plano secuencia interesante, técnicamente hablando al menos, pero nada más. No sé cómo hice para aguantarla hasta el final.

martes, abril 10, 2007

BAFICI (1)

Entre tantas películas (y los shows de Nacho) uno va quedando perdido; y es una grata sensación. Sería bueno seguir así hasta desaparecer completamente.
Algunos films argentinos que estuve viendo y recuerdo ahora:

Sueños de Polvorón (Gabriel Alijo): la gran sorpresa hasta el momento. Le vi gracias a la insistencia del amigo Juan. Este documental nos acerca a Willy Polvorón, cantante de Los Polvorines, personaje único, eterno estudiante de derecho, vendedor de garrapiñadas y mucho más. Capaz de hacer la versión más absurda, desafinada e irresistible de Let it be así como componer tremendas canciones de amor como La bicicleta. Pero Sueños de polvorón es algo más. Y ese algo más es la historia de Mariano Echenique, manager de Willy, incansable buscador y soñador que no se resigna y que sigue creyendo que su artista será escuchado alguna vez. No hay dudas de que Willy vive un poco fuera del mundo; él hace sus canciones, las cantas y si bien también sueña (quiere traducir sus canciones al japonés porque dice que en Japón se admira mucho lo argentino) no parece del todo conciente de las reglas del mundo. En cambio Echenique sí las conoce y sabe cómo funcionan. Y pese a todo sigue. La decisión del director de pegarse a Echenique, de seguirlo, de escucharlo y de estructurar la película a partir de su incansable búsqueda fue la más acertada. Sin duda Echenique es uno de los héroes cinematográficos del BAFICI 2007.
Algo más: Sueños de Polvorón es además la película más divertida y graciosa del festival. Y como tal también guarda mucha melancolía.

UPA (Santiago Giralt, Camila Toker, Tamae Garateguy): Mmmm… qué decir. Todavía no termino de saber bien qué pienso. La película funciona, no hay duda. Es una película lograda. Es divertida (muy), está bien actuada… sin embargo, en un punto más que una crítica, una parodia o lo que sea hacia el Nuevo Cine Argentino es un gran chiste interno, de esos que se festejan en grupos cerrados y que pese a su cáscara “crítica” no es más que puro ombliguismo.
Amo a Camila Toker.

Copacabana (Martín Rejtman): de lo mejor hasta el momento. Rejtman mira la comunidad boliviana con la distancia justa, sin bajada de línea y sin condescendencia. Y consigue una película luminosa, bella, cuyas coreografías iniciales le dan una potencia asombrosa. Implícitamente política además, Copacabana es otra maravilla rejtmaniana. Martín Rejtman es a esta altura el gran director argentino después de Favio.

La León (Santiago Otheguy): Una película mínima desde lo argumental y empantanada en su interior. Igual que sus personajes. Ambientada en una isla del delta, La león es un mundo cerrado y extraño donde las pulsiones trágicas de sus habitantes se adaptan al medio sin modificarlo; muy cuidada de lo formal, con planos que deslumbran por su belleza en blanco y negro, La León sin embargo no se resgina al preciosismo vacío y apuesta a la potencia y la polisemia de las imágenes.

*Tanto La León como Copacaba se exibieron mediante el proyector HD, y si bien lo técnico suele importarme más bien poco hay que destacar lo increíble que se ve. No se parece en nada a lo que veniamos viendo en video. Y es diferente al fílmico, obvio; otra textura, otro contraste. Y es hermoso realmente.

martes, marzo 27, 2007

300: "Cine" grasa


Ahora valoro mucho más Sin City.

miércoles, marzo 21, 2007

Angustia de los fuertes

* Para este texto corre lo mismo que para el anterior. Además es parecido a uno que escribí antes para este blog, pero con ciertos cambios.

Inmune al mediocre devenir de la gran parte cine industrial estadounidense, la obra de Micheal Mann se fue constituyendo, película a película, como un universo particular y fácilmente reconocible, cada vez más completo y profundo, a la vez que más estilizado en su forma. En la constante marcha hacia delante que significa una filmografía como la suya, donde cada película es una afirmación de búsquedas anteriores al mismo tiempo que un punto de partida para sumar otras nuevas, Miami Vice vendría a hacer algo así como una culminación, una cima, un punto de llegada. Todos los temas que Mann ha retratado y todas sus huellas estilísticas alcanzan en su último film un acabado y equilibrio perfectos. Sabiendo que Mann es de esos realizadores que prefieren verse a sí mismos como artesanos antes que como artistas, es fácil imaginarlo orgulloso de los resultados obtenidos en Miami Vice, cuyos logros son el fruto de una convicción profesional que lo ha llevado a superarse de manera constante. Luego de Colateral, un film que de alguna manera puede tomarse como una reflexión sobre su propia obra, a Mann le quedaba dar un último paso: el de realizar un trabajo perfecto que vuelva a poner en funcionamiento todos los tópicos de su obra pero para ser extremados –en todos los sentidos posibles- y así darles fin. Y lo hizo.
Puede pensarse que en estas apreciaciones hay un alto grado de especulación, sin embargo el hecho de que el director haya decidido hacer una película titulada Miami Vice, retomando aquella serie de la que fue creador y productor pero cambiándole totalmente el sentido en función al desarrollo de su obra posterior, no hace más que confirmar las sospechas. Mann toma uno de los emblemas de su carrera y lo reformula a partir de todo lo que aprendió y consiguió con los años. Miami Vice -la película- es en definitiva el film con el que el director pone en relieve todo el camino que recorrió, el acontecer de su mirada y los alcances de su cine.


Uno de los primeros rasgos a destacar del cine Michael Mann, y que desde ya está presente en Miami Vice, es su pertenencia a lo que comúnmente se señala como cine de acción. Sin embargo, esta denominación, cuya vaguedad puede incluir desde westerns o policiales hasta filmes de aventuras, toma en su filmografía otra dimensión y un significado más interesante. El de Mann es un cine de acción no porque haya explosiones, disparos o violencia, sino porque sus personajes estás constantemente actuando y accionando. Fuertes, viriles, leales, decididos y profesionales, estos personajes entienden que la esencia del hombre es la de actuar, y quien no es capaz de hacerlo, quien está quieto o duda, es un “no-ser”. Así, ser o no ser una persona de acción se convierte en una cuestión existencial. En la filmografía previa se puede apreciar el paso de un “no-ser” a un “ser” de manera clara en los personajes de Russell Crowe en El informante y en el de Jamie Fox en la ya citada Colateral. En ambos casos, además, estaba la figura de un personaje que los iniciaba, aquellos interpretados respectivamente por Al Pacino y Tom Cruise, los dos hombres profesionales hechos y derechos. En Miami Vice no hace falta ninguna iniciación: todos son, de principio a fin, seres de acción ya constituidos. En un momento de la película uno de los oficiales le dice a otro algo así como: “este es el momento en que sacamos nuestras placas llevamos adelante nuestro trabajo”. Con esas palabras queda definida su esencia y su moral. Los seres de Miami Vice (en especial sus protagonistas, Rico y Sonny) son puro accionar, por eso lo que realmente importa en el desarrollo de la película son sus movimientos y no tanto la trama o el argumento, que de hecho están completamente diluidos en el constante vendaval de imágenes y sonidos con los que Mann representa la voluntad de los personajes. Y ahí radica uno de los grandes méritos del director: hacer que cada plano muestre con precisión y sin declamación alguna, la razón de ser de sus personajes, su moral y sus capacidades. Cada tiroteo que resplandece en la pantalla no es el festejo gratuito y superficial de efectos especiales, sino la consecuencia natural de la única forma que tienen los sujetos que la habitan de relacionarse con el medio. Es la manera de mantenerse vivos en un universo oscuro, hostil y carente de sentido. En definitiva, la ética de la acción que llevan adelante los personajes de Mann es lo que les permite mantener su dignidad en un mundo desordenado y amargo en el que la felicidad no es otra cosa que una imposibilidad.
Y si ese universo que se pone en juego en Miami Vice resulta desordenado es porque no hay forma de encontrarle una justificación; es un juego en el que los jugadores no saben a quién responden y mucho menos en función de qué lo hacen. Más allá de que sean policías o narcotraficantes, lo que está claro es que toda acción llevada adelante por cualquiera de ellos responde a alguien o algo más, desconocido e invisible, pero que pese (o gracias) a su invisibilidad maneja sus destinos de manera inexorable. Por otro lado, los protagonistas de Miami Vice no son héroes ya que carecen de conciencia de Bien. No tienen tiempo ni espacio para ello: lo suyo -ya se ha dicho- es mantenerse en pie con la mayor dignidad posible por medio de la única forma que tienen para hacerlo: la acción. Pueden cumplir su tarea y cerrar un caso, pero al fin de cuentas el suyo es un trabajo inútil, o por menos muy limitado, ya que el funcionamiento de ese oscuro universo seguirá inalterable. Por eso la amargura que se siente en cada plano de la película y que también está presente en cada uno de los gestos de sus personajes.

Cine de acción entonces, sí, pero uno muy particular y de alcances existencialistas, cuyo fin no es la simple construcción de un espectáculo sino la representación de una vieja angustia humana: la de saberse inútil en un mundo ajeno y hostil.

viernes, marzo 09, 2007

Estrenos al paso

El culto siniestro: Nicolas Cage está bastante controlado. Eso es bueno. Neil LaButte en la dirección. Interesante. Un comienzo más o menos inquietante. Y a los 20 minutos uno ya se da cuenta de que es una porquería. Esta es seguramente una de las películas más ridículas del año. Ni una sola escena que genere clima, nada de suspenso; diálogo con información + diálogo con información para ver si de esa manera se puede generar interés (voy a ser obvio y citar al Maestro: “fotos de gente hablando”). Música al palo para avisar que, oh, pasan cosas raras en la isla. Final con vuelta de tuerca + epílogo canchero. Y pura misoginia (intencional o no). Una pelotudez olímpica.
Se supone que es una remake. Si es así, nunca vi la original.


Crank, Veneno en la sangre: Está Jason Statham y eso es bueno. Duro, simpático, gracioso y buen actor. Es más de lo que ya vimos (y disfrutamos) en El Transportador y su secuela. Delirio, nada de argumento, una serie continua y vertiginosa de escenas de acción: algunas bien resueltas y otras demasiado caprichosas. Clipera: a veces para bien y otras para mal. Muy feítas las imágenes del corazón de Statham. Festiva y sin miedo al ridículo. No es mucho y alcanza hasta ahí.

Escándalo: Duelo actoral. Las dos –Dench y Blanchett, una de las mujeres más hermosas que existen- están muy bien. ¿A quién le importa?

Más extraños que la ficción: Will Ferrell de repente escucha lo que dice la vos en off. Se da cuenta de que una escritora es la que maneja su devenir. Buena idea y buena elección la de inscribir la historia dentro de una comedia fantástica. Sin duda había material para mucho. Además de lo divertido y disparatado de la situación, había espacio para reflexionar sobre las angustias existenciales, sobre la creatividad y el proceso creativo, sobre la representación. Bueno, será en otra oportunidad. Acá lo único que hay es un manual para saber tomar buenas decisiones en la vida. No quiero exagerar ni alarmarme de antemano, pero teniendo en cuenta lo que le pasó a Adam, lo digo y lo grito: ¡NO SE LLEVEN A WILL TAMBIEN POR FAVOR!


Reflexión nada brillante: Se me ocurre que más que nunca es necesario reivindicar la presencia de autores. Estas películas si carecen de algo es de eso: de directores que aporten una mirada y un estilo; de realizadores que se lancen a la busca de una puesta en escena: o sea, de autores. Lejos de algunas opiniones que han surgido en los últimos tiempos pienso que sigue siendo necesario hablar de cine de autor (sin caer en los didactismos y tilinguería habituales). La crítica –sin renunciar a otros puntos de vista, claro- debe seguir mirando desde ese lugar. Si como decía Rohmer la misión de la crítica es ver qué películas son importantes para el cine, es imposible prescindir de una mirada autorista.

Si Apocalypto es una película extraordinaria es porque hay un autor detrás.

Nada más.

miércoles, febrero 28, 2007

Link

Excelente crítica de Los infiltrados:
http://www.leercine.com.ar/verNota.asp?id=38

jueves, febrero 22, 2007

Eastwood



Desde la desesperanzada y trágica victoria de La conquista del honor
Hasta la derrota anunciada de Cartas desde Iwo Jima

Entre la desmesura y el clasicismo.

Desde la fascinación por la violencia representada
Hasta el horror de tener que ver lo más abyecto del Hombre

Entre la imposibilidad del heroísmo y la búsqueda del honor y la dignidad.

Desde la exposición de traumas y heridas personales
Hasta la amarga contemplación de una tragedia universal

Entre el poder de La Historia y la voluntad humana.

Surge un conjunto de imágenes destinadas para forjar memoria.
Imágenes que reflejan aquello que es inaprensible
lo no nombrado
lo interior
lo indescriptible
lo misterioso
lo bello
lo aterrador
lo inexplicable

Surge el cine del último poeta fordiano.

jueves, febrero 15, 2007

La Pasión


Locura y demencia son palabras que se han vuelto moneda corriente a la hora de referirse a Mel Gibson y su última película: la descomunal Apocalypto. Y tal vez no sea del todo errado utilizarlas; es posible que al director le quepan esos términos, y por extensión a su obra. Sin embargo, si se hace demasiado hincapié en esa supuesta locura se estaría corriendo el riesgo de minimizar una película enorme, fuera de lo común. Locura y demencia serían efumismos de grandeza, de búsqueda trágica, de pasión desbordada. Y cuando aparecen filmes puros como Apocalypto es mejor llamar a las cosas por su nombre.

Apocalypto está compuesta por dos líneas rectas, firmes y espectaculares, una -la primera- es más bien descriptiva y pasiva, mientras que la segunda se constituye como pura acción expresiva (tanto del protagonista como de la cámara, que se pega al devenir del primero, o mejor dicho, se hace una extensión de su ser). La primera de las rectas acompaña el traslado de un grupo de prisioneros hacia lo que será el sacrificio de algunos propiciado por otro grupo de indígenas más poderosos y violentos; como ya se dijo, en este tramo la película es más bien descriptiva. Pero en un cine tan vital como el de Gibson, la forma descriptiva no implica estatismo de la cámara, búsqueda de la transparencia, serenidad en las acciones o contemplación. Si el primer tramo es descriptivo, lo es porque en él hacen presencia –con violencia, manchados de sangre y sudor- todos los elementos que luego servirán para que podamos contemplar (sufrir, disfrutar, vivir; con la cabeza, el cuerpo y el espíritu) en toda su dimensión la constitución del Héroe. Durante la primera hora y media, el relato –más allá de que deje inferir quien será el protagonista- reposa en diferentes personajes y hasta logra desarrollarlos y darles dimensión y peso. Lo mismo hace con los lugares, las costumbres y las acciones. Gibson describe (y la suya es una descripción expresiva) un Mundo y lo vuelve firme; establece sus códigos y sus actantes, los define y pone en juego todas las relaciones posibles. Todo en medio y a través de puro movimiento. Como en toda la película, abundan las escenas imponentes (ejemplos: la del cruce del río, las batallas iniciales o las de los ritos en la ciudad maya). Y allí radica una de las grandes virtudes del director: si Gibson ha hecho cine del grande, es porque consiguió dotar a cada escena de un valor estético propio para que logren justificarse por sí mismas al mismo tiempo que guardan relación simbólica con el resto.
La segunda parte –la segunda recta- tiene la misma dirección que la primera, pero corre en sentido opuesto. Luego de sobrevivir, de salvarse, mejor dicho; luego de ser marcado por el destino, Garra de Jaguar comienza su definitiva iniciación como Héroe. Debe volver hacia la devastada aldea y reencontrarse allí con su mujer embarazada y su hijo. El camino de regreso, en el que irá superando diferentes pruebas, es absolutamente simbólico. Y allí radica la gran diferencia con el segmento anterior del film. Si antes, personajes, acciones y puesta en escena, eran descripciones expresivas, en el último tramo todo eso deviene en simbolismos expresivos. Desde el nuevo nacimiento de Garra de Jaguar -después de dejarse caer en una cascada- pasando por ese momento clave en el que se funde definitivamente con la selva –la imagen de Garra de Jaguar embarrado y mimetizado con su hábitat- hasta llegar a la muerte del más poderoso de sus persecutores –que es simétrica a la caza que se da en la primera escena de la película- se pone en juego el rito de iniciación (o sea la transformación de alguien en otro ser) del hombre gibsoniano: ese que debe vencer el miedo y buscar un “nuevo comienzo” a base de coraje, valor y sangre (eso es para Gibson La Pasión del hombre). Y Garra de Jaguar lo consigue, al igual que William Wallace, al igual que Cristo.

Escribió Paul Eluard alguna vez: “Ignoraban que la belleza del hombre es más grande que el hombre”. Gibson podría corregirlo y decir: “Ignoraban que la pasión del hombre es más grande que el hombre”. Y por qué no que la pasión del cine es más grande que el cine.

lunes, enero 08, 2007

Una siesta en el cine con el Sr. Lazarescu.

Apenas una semana de estrenos y ya hicieron aparecer la primera "obra maestra".

Yo creo que es un poco demasiado. Está bien que no veamos películas rumanas habitualmente, pero no por ello vamos a festejar exageradamente cualquier cosa.

De todas maneras la película no tiene la culpa. Ella es lo que es. Que otros pretendan hacer ver algo más, es una cuestión que la excede.

sábado, diciembre 30, 2006

Flags of Our Fathers

La vi hace unos días. Esperaré a que se estrene para decir algo más. Por el momento voy a reconocer que fue una pequeña decepción, más allá de que no es una mala película.
Los que me conocen saben lo que me cuesta decir esto.
Vamos Clint, no me defraude con la que viene.

lunes, diciembre 18, 2006

El plano secuencia de Niños del hombre

Cuando ya estaba por postear una especie de “balance”, cuando mi lista de 10 películas de 2006 ya estaba cerrada (www.fotolog.com/sebaclint), apareció, por suerte, Alfonso Cuarón con una película extraordinaria, a la que no le tenía mucha fe (el trailer me había parecido espantoso) y que confirma, por si hacía falta, que el cine siempre puede sorprendernos. Y qué reconfortante es saber que su potencial es imperecedero.
Me encantaría volver a verla antes de escribir algo. La potencia de las imágenes es tal que temo no ser justo con ellas. Así que no diré mucho. Pero me gustaría destacar el plano secuencia que acontece cerca del final y que es uno de los mejores que recuerde en mucho tiempo, no tanto por la proeza técnica, sino por su importancia en la estructura general del film. Por un lado, es absolutamente simbólico del devenir del personaje de Clive Owen: es un resumen de todo el recorrido que el personaje hace y al mismo tiempo se presenta como la prueba final, como el cierre de su historia: es la confirmación de su inexorable destino heroico. Por otro lado, este plano secuencia es la forma más justa con la que se puede retratar el terror, la locura y el sin sentido de la violencia extrema. Hace poco, al referirme a Munich, decía que era espectacular pero no era un espectáculo. Lo mismo se puede decir de este plano (y de toda la película) cuya capacidad de impacto no responde a un regodeo esteticista y muchísimo menos a un afán manipulador que intenta chantajear al espectador pegándole bajo. La cámara (y me apropio de los pensamientos de Daney) de Cuarón, además, tampoco se indigna ideológicamente con lo que ve, sino que lo hace porque es incapaz de encontrarle explicación a semejante horror. Por último, este plano sirve para ver el manejo de la puesta en escena de su director. Todo el film está construido sobre planos de larga duración. Pero ninguno de ellos alcanza la de este plano decisivo. Lejos de cualquier exhibicionismo, Cuarón piensa cada uno de sus planos en función de una idea, y de alguna manera en este plano secuencia confluyen todos los planos anteriores. Todos los planos, el plano se podría decir. En medio de tanto exceso de guiones ingeniosos, de pornografía técnica y de tanta imagen prefabricada para el consumo y el olvido instantáneos, es reconfortante (una vez más uso esta palabra) encontrarse con un director como Cuarón, para quién el cine sigue siendo el Cine y no un medio más en la larga lista de medios estúpidos y vacíos de un mundo cada vez más cuadrado.
Queda tanto más por decir sobre Niños del hombre. De su planteo político, por ejemplo. O de la banda sonora y la manera en que se usa (la música como la más bella expresión de esperanza en medio de la desolación). Tampoco habría que olvidar la hermosa escena final. Pero, como ya dije, preferiría verla nuevamente. Por ahora abandono acá y me voy a escuchar Mind Games de Lennon. Quién haya visto la película sabe a qué se debe esta elección.

jueves, diciembre 07, 2006

La lucha continua

Art School Confidential

En medio de un panorama que se nos presenta frustrante, junto a elamigoamericano hemos tomado esta nueva joya del enorme Terry Zwigoff como emblema, como bandera, como símbolo de nuestra lucha.
No pasarán!

lunes, diciembre 04, 2006

Yo pregunto

Luego de haber visto nuevamente Cache, de Micheal Haneke, yo quiero saber si:
¿Es una gran película o apenas una película correctamente filmada con un “truquito” injustificado que la viste de importante?
¿Es ambigua o simplemente no se entiende?
¿Hay algo que sostenga la intención del director de querer distanciar o incomodar al espectador o nada más es una postura pretendidamente “polémica” frente al cine y su hacer?
¿Hay una postura política interesante o solo retazos de un discurso moralista que ya se muestra agotado?
¿Los burgueses franceses son tan desagradables como los muestra Haneke –o Chabrol- o tiene razón Rohmer?
¿Es Haneke el gran director que muchos aseguran que es o es solo otro invento de aquellos que se desesperan por encontrar “autores” que vayan contra la corriente?
¿Por qué no me sentí tan perturbado las dos veces que la vi como la gran mayoría asegura que se sintió?
¿Me gusta o no me gusta Cache?
¿Me parece interesante o no?

Desde ayer pienso que todas las respuestas son posibles.
No sé.
Qué sé yo.

jueves, noviembre 02, 2006

Extraño

Mientras caminábamos por los pasillos del Hoyts de Unicenter, después de haber visto Nacido y criado, Elamigoamericano me decía que con las películas de Trapero le pasa algo particular: si bien puede decir que le gustan, incluso mucho alguna, siempre tiene algún pero. Lo que a mí me pasa, le dije, es que no sé bien qué pensar en un primer momento, porque esa dualidad que se da entre lo cotidiano de las situaciones y el carácter extraño de las imágenes me deja un poco confundido, al menos sin la posibilidad de hacer una evaluación inmediata. Luego, con el tiempo, agrego, las películas se van afirmando en mi cabeza. Así es que hoy por hoy pienso que tanto Mundo Grúa, El Bonaerense y la menospreciada Familia rodante me parecen películas muy valiosas e interesantes, que conforman la filmografía en pleno desarrollo de un director que está interesado, más que nada, en explorar la potencialidad de las imágenes y los sonidos y para quien hacer cine poco tiene que ver con el armado y la lógica argumental , con la exposición técnica y menos aún con la construcción de un mensaje.
Creo que de todos los directores del llamado Nuevo cine argentino Trapero ha sido el más incomprendido, tanto por sus detractores como por algunos de sus defensores, quienes generalmente ensayaron opiniones a favor desde el lugar y por los motivos equivocados. Trapero no es un neorrealista, ni un costumbrista ni mucho menos un cronista de la situación social. Trapero es, por un lado, un cienasta dispuesto a explorar las posibilidades expresivas del cine, y por otro, es un buceador de las angustias más íntimas y de las zonas más oscuras del hombre. Y estas dos vertientes se sostienen entre sí, claro, y una no puede existir sin la otra. La puesta en escena de Nacido y criado, muy rigurosa y hasta virtuosa por momentos, nunca se siente calculada o mecánica porque es sostenida por los personajes, por todo lo que ellos sufren (en las películas de Trapero, básicamente, la gente sufre, hasta cuando se ríe o tiene sexo). Y a su vez, si llegamos a captar algo de lo que le pasa a estos personajes (es difícil ponerlo en palabras, digo ¿qué es exactamente lo que le pasa a Santiago en esta película o a Zapa en El bonaerense?) es porque la puesta en escena es la que nos permite sentir, aunque no saber, qué les pasa. Y ese sentir sin saber es lo que genera lo extraño y lo incómodo. El principio de la película describe una familia armoniosa, blanquísima como su moderna casa, de buen pasar económico. Sin embargo, un par de pequeños detalles de la puesta, como la ventana que da a la calle en el fondo, algunos planos insertados del paisaje patagónico o un pequeño gesto en la cara de Santiago tomado desde un ángulo determinado, nos genera un cierta inestabilidad. Evidentemente no todo es tan feliz como parece. Y no sabemos bien por qué; y los personajes tampoco: de ahí su angustia, y de ahí también la incomodidad que transmite la película.
Este no saber de los personajes, que se extiende a los espectadores, creo que responde al no saber del director. No es que no sepa porque no puede resolver el material que tiene entre manos. Es un no saber más profundo. Trapero, como dije, es un buceador de las angustias del hombre, pero no por ello está obligado a tener respuestas. Puede hacer sentir la soledad, el miedo, la frustración, la violencia, el dolor. Pero no puede encontrarles explicación (¿alguien puede?) .

Entiendo que es posible objetarle muchas cosas a la manera en la que procede Trapero. Todas sus películas, y Nacido y criado no es la excepción, pueden considerarse como desparejas. Pero no tengo dudas de que el suyo es un cine que vale la pena ser visto y sufrido.

¿Qué es el cine?


El cine, más que un lenguaje o, peor aún, una sintaxis, es una construcción ideativa, una serie de formas y elementos que erigen una dimensión fantástica en la que se objetivan unos y se subjetivan otros de los componentes de este lado de las cosas (...).

Si el cine no es ni un lenguaje ni menos aún una sintaxis, no es tampoco una técnica, en el sentido de apropiación mecánica de lo real, natural o físico.

Puede decirse que el cine es una construcción ideativa, dirigida (is est ejecutada) por una sola persona; que participa tanto del poema, como del relato y del epos. Que comprende en su desarrollo las partes formales del fuera de campo, principio de simetría y eje vertical. Simbólico y no alegórico en cuanto a la representación. Donde la actuación es sólo una parte de la puesta en escena; y donde todo lo técnico-maquinal está subordinado a lo expresivo.

Ángel Faretta.
Frangmentos de El conceto del cine.